Oro cae 21,5% desde enero y grandes gestores lo compran apostando a $5.000
Andrés Valcárcel · Materias Primas · 2026-09-11
Amundi, Pictet, Robeco y Fidelity reconstruyen posiciones tras el desplome desde máximos históricos. La apuesta: drivers estructurales vencen a yields al alza y una Fed con 56% de probabilidad de subir tasas.
Los grandes gestores de activos globales están volviendo al oro. Amundi, el mayor gestor de activos europeo, compró <abbr title="lingote físico de oro de inversión">bullion</abbr> esperando que el metal recupere los $5.000/oz antes de fin de año. Pictet Asset Management, Robeco Institutional Asset Management y Fidelity International añadieron posiciones que habían recortado a principios de 2026. El oro cotiza este viernes en $4.391,90/oz, un 21,5% por debajo del máximo histórico de $5.597,23/oz marcado el 29 de enero.
La caída fue brutal: el metal perdió 27,6% en seis meses, desde el pico de enero hasta aproximadamente $4.398/oz en agosto. El desplome vino impulsado por la interacción de dos fuerzas: la guerra entre Estados Unidos e Irán —iniciada el 28 de febrero— disparó el petróleo por encima de $100/barril, elevó expectativas inflacionarias y empujó al alza los rendimientos de los Treasuries. Yields más altos hacen menos atractivo al oro, que no paga cupón. El 16 de julio, las amenazas de bloquear el Estrecho de Bab el-Mandeb presionaron al metal a la baja un 1,4% en una sola sesión.
Por qué compran cuando las condiciones parecen adversas
El timing de entrada llama la atención. Los rendimientos del bono estadounidense a 10 años se ubicaban en 4,95% el viernes, mientras el CME FedWatch asigna una probabilidad del 56% a un alza de 25 puntos básicos en la reunión de la Fed del 15-16 de septiembre. En ese entorno, el consenso tradicional sugeriría alejarse del oro. Pero los gestores leen otra historia.
El catalizador para Robeco fue la aceleración de compras de bancos centrales en el segundo trimestre. Las compras netas oficiales alcanzaron 289 toneladas, el nivel más alto desde el cuarto trimestre de 2024, según datos del World Gold Council. Eso representa un salto del 62% interanual. Polonia y China lideraron las adquisiciones.

Sophie Huynh, portfolio manager y estratega de BNP Paribas, observó que la correlación entre oro y activos de riesgo —especialmente equities— desapareció durante el ajuste. «La espuma se fue», señaló. Esa desconexión indica que el capital especulativo salió, dejando espacio a compradores estructurales. Cuando el oro sube o baja junto con las bolsas, suele ser señal de posicionamiento táctico. Cuando se mueve solo, responde a demanda de reserva de valor o de cobertura geopolítica.
Drivers estructurales vs. ruido cíclico
Los gestores separan lo que es ruido de corto plazo de lo que consideran tendencias sostenibles. Las compras de bancos centrales no son una moda: llevaban 22 meses consecutivos comprando hasta agosto, según datos previos del Banco Popular de China. El patrón se repite en economías emergentes que buscan diversificar reservas fuera del dólar. China, por ejemplo, añadió 20 toneladas en agosto pese a operar cerca de máximos históricos.
- Amundi SA: compró bullion físico esperando retorno a $5.000/oz antes de cierre 2026.
- Pictet Asset Management: reconstruyó posiciones recortadas a principios de año tras identificar desconexión con equities.
- Robeco Institutional Asset Management: entró tras confirmar aceleración de compras oficiales en Q2 (+62% interanual).
- Fidelity International: añadió exposición durante el tramo de agosto, aprovechando caída bajo $4.100/oz.
El contraste es claro: el entorno macro de corto plazo —yields al alza, probabilidad de subida de tasas— empuja en una dirección; los fundamentales estructurales —bancos centrales comprando, desaparición de correlación con riesgo— empujan en otra. Los gestores apuestan a que lo segundo termina ganando.
Cuggino, cuyo fondo maneja $17.000 millones en activos bajo gestión, cree que «persisten la demanda continua de bancos centrales por oro y la exposición adicional de la plata a sectores industriales». Su lectura: aunque la volatilidad de corto plazo sigue presente, el panorama de largo plazo para metales preciosos permanece intacto.
El 27 de julio, cuando Estados Unidos e Irán suspendieron 13 noches de ataques recíprocos, el oro subió más del 1% hasta $4.315/oz. Pero la recuperación no consolidó. El mercado seguía atrapado entre alivio geopolítico temporal —que reducía prima de riesgo— y shocks persistentes en cadenas de suministro de energía, que mantenían alta la probabilidad de que la Fed actuara contra la inflación. Esa incertidumbre dejó espacio para que gestores con horizonte largo construyeran entrada escalonada.
Si Amundi acierta y el oro recupera $5.000/oz antes de diciembre, el retorno desde niveles actuales rondaría el 13,8%. Desde el mínimo de agosto en $4.398, el rebote implicaría un 23,5%. No es un trade de momentum; es una apuesta a que la demanda oficial sostenida y la descorrelación con activos de riesgo compensan el lastre de tasas altas. El próximo lunes, la decisión de la Fed dirá si esa lectura resiste el primer test.