Canadá impone 50% sobre aluminio que EE.UU. no puede dejar de comprar

Carlos Ramírez · Geopolítica · 2026-09-08

Ottawa activó hoy aranceles de hasta 50% sobre $20 mil millones de importaciones estadounidenses. El golpe más duro: aluminio y acero, donde fabricantes US dependen del 60% de suministro canadiense sin alternativa en años.

A las 12:01 a.m. de este martes, Canadá activó aranceles de retaliación de 15%, 25% y 50% sobre importaciones estadounidenses valoradas en C$27.6 mil millones (unos $20 mil millones USD). La medida escala una guerra comercial de 18 meses y golpea con especial dureza los sectores de acero y aluminio, donde la dependencia estructural de EE.UU. hacia el suministro canadiense convierte la retaliación en una trampa sin salida inmediata.

Aluminio: 60% de suministro, cero plan B

El dato que define la asimetría de esta batalla: Canadá provee el 60% del aluminio que EE.UU. importa, según datos de comercio de la primera mitad de 2026. La producción doméstica estadounidense apenas cubre 750.000 toneladas anuales, el 15% del consumo total. El resto viene de fuera, y Ottawa es el proveedor dominante.

Alcoa cotiza en $49.97, con una caída del 2.12%, reflejando la presión de costos que se traslada directamente a su estructura de márgenes. La compañía, que opera refinerías en ambos lados de la frontera, enfrenta un panorama donde importar desde sus propias plantas canadienses le costará 50% más.

Canadá impone 50% sobre aluminio que EE.UU. no puede dejar de comprar

Más de 700 productos bajo fuego cruzado

La lista canadiense cubre más de 700 productos en rangos de 15% a 50%. Productos de acero, aluminio y hierro estadounidenses, junto con muebles y ropa, enfrentan la tarifa máxima. Electrodomésticos reciben 25%; equipamiento agrícola y pulpa de papel, tasas variables entre los tres niveles.

Bienes que ya estaban en tránsito hacia Canadá antes de la medianoche quedan exentos, pero cualquier pedido colocado desde hoy enfrenta el nuevo régimen. Caterpillar, con operaciones integradas en América del Norte, sube 1.72% a $813.94, aunque el impacto de costos solo se verá en próximos trimestres cuando inventarios se agoten.

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Negociaciones rotas, retórica escalada

El 20 de julio, Donald Trump firmó proclamas presidenciales imponiendo aranceles del 50% sobre productos canadienses, efectivos desde el 22 de agosto. Las negociaciones colapsaron ese mismo fin de semana. El Representante Comercial estadounidense, Jamieson Greer, acusó a Canadá de rechazar finalizar el acuerdo bajo términos acordados; el Primer Ministro Mark Carney respondió que cambios de último minuto en los términos estadounidenses fueron «injustos, antieconómicos».

El 1 de septiembre, Carney atacó la retórica de Trump y dijo que las conversaciones podrían continuar «cuando los estadounidenses dejen de hacer memes, de lanzar indirectas y de tratar de verse duros, y comiencen siendo serios». Dos días después, el jueves 3 de septiembre, suavizó el tono y declaró que Canadá estaba lista para un acuerdo mutuamente beneficioso. Esa puerta, sin embargo, no evitó que Ottawa activara la retaliación planificada. La guerra comercial de Trump ahora avanza en múltiples frentes, con tensiones geopolíticas adicionales presionando materias primas en medio de un entorno de incertidumbre comercial global.

Ottawa pone el dinero: $7.5 mil millones en soporte

El gobierno canadiense anunció un paquete de apoyo de $7.5 mil millones CAD (aproximadamente $5.4 mil millones USD) para empresas y trabajadores afectados, extendiendo los $25 mil millones previos destinados a contrarrestar la ofensiva <abbr title="Arancel: impuesto que un país aplica a bienes importados desde otro país, encareciendo el precio final del producto">arancelaria</abbr> global estadounidense que comenzó en abril de 2025. EE.UU., por su parte, aún no ha anunciado un paquete comparable de apoyo a sectores golpeados por la retaliación canadiense.

El mensaje político es claro: Ottawa está dispuesta a financiar una guerra comercial prolongada. Washington aún no ha mostrado las mismas cartas. Mientras tanto, los fabricantes de ambos lados pagan la cuenta, y las empresas de acero y aluminio estadounidenses enfrentan un dilema: comprar más caro lo que no pueden producir en casa, o frenar operaciones. Ninguna de las dos opciones aparece en sus planes de negocio para 2026.