¿Defender el yen o defender los Treasuries propios?
Andrés Valcárcel · Económicas · 2026-08-16
Bessent gastó hasta USD 10 mil millones en una intervención conjunta con Japón que duró seis días. El objetivo no era ayudar a Tokio: era evitar que venda deuda estadounidense.
La primera intervención cambiaria conjunta de Estados Unidos y Japón en tres décadas costó más de USD 60 mil millones y logró empujar al yen desde 163 hasta 157 por dólar el sábado 1 de agosto. Dos semanas después, el par USD/JPY cotiza en 159.30 y el mercado volvió a vender la divisa nipona. La operación compró tiempo, no una solución.
El Departamento del Tesoro confirmó el lunes 3 de agosto que había ejecutado compras de yen por un monto de entre USD 5 mil millones y USD 10 mil millones, según el notepad fotografiado de Scott Bessent en Camp David. Japón, por su parte, vendió ¥8.45 billones (USD 52.8 mil millones) en lo que analistas consideran la intervención de un solo día más grande jamás documentada. Juntos dispararon un cañón de casi USD 63 mil millones contra el mercado.
El efecto duró hasta que el mercado probó la resolución
La reacción inmediata fue fuerte. El yen saltó más del 1% contra dólar y euro el día de la intervención y llegó a tocar 157 por dólar. Pero en la semana hasta el sábado 15 de agosto perdió cerca del 1%, devolviendo aproximadamente la mitad de las ganancias obtenidas. El viernes 14 de agosto, el par cerró en 159.3040, apenas 11 centavos por debajo del nivel que cotizaba antes de que el BOJ y la Fed dispararan su arsenal.
El problema es que ninguno de los dos bancos centrales atacó la causa de fondo. El diferencial de tasas entre Estados Unidos y Japón se mantiene en 2.675 puntos porcentuales: la Fed sostiene su rango en 3.50%-3.75% mientras el BOJ apenas llegó al 1.0%. Ese carry trade sigue intacto, y con él la presión vendedora sobre el yen.
Por qué Bessent intervino: no es un favor a Tokio
La intervención tuvo un detalle técnico poco común que reveló la verdadera intención de Washington. La Reserva Federal de Nueva York vendió euros por yen —no dólares— a través de Goldman Sachs y Morgan Stanley. El objetivo era fortalecer el yen sin obligar a Japón a liquidar su posición en Treasuries estadounidenses para conseguir dólares y ejecutar la intervención por su cuenta.
Japón es el mayor tenedor extranjero de deuda del Tesoro de EE.UU., con más de USD 1 billón en cartera. Si Tokio hubiera vendido bonos estadounidenses en volumen para financiar la defensa del yen, habría empujado al alza los rendimientos del Treasury a 10 años —que ya cotiza en 4.696%— y encarecido el servicio de una deuda federal que roza los USD 40 billones. Bessent intervino para evitar ese contagio. Defender el yen equivale a defender los Treasuries propios.
El propio Secretario del Tesoro lo dejó claro el lunes 3 de agosto: el debilitamiento adicional del yen podría presionar otras monedas asiáticas y desestabilizar flujos de capital en la región. Pero la prioridad implícita era otra: contener el riesgo de que Japón iniciara una venta forzada de bonos estadounidenses.
Las presiones estructurales que USD 63 mil millones no resuelven
- Diferencial de tasas: 2.675 puntos básicos entre Fed y BOJ, proyectado a reducirse solo a 2.35% en julio de 2027 según estimaciones de mercado.
- Deuda fiscal: Japón arrastra la mayor deuda pública del mundo desarrollado en términos de PIB, con estímulo fiscal adicional que promete ensanchar aún más el déficit.
- Inflación contenida pero costos al alza: El IPC núcleo japonés está apenas bajo el objetivo del 2%, pero el PPI mayorista llegó a 7.1% en julio, señalando presiones de costos sin trasladar al consumidor.
- BOJ sin margen de maniobra: El gobernador Kazuo Ueda dio señales de una subida temprana de tasas el día de la intervención, pero mantuvo la política sin cambios. Subir tasas agresivamente dispararía el costo de servir esa deuda sobre 200% del PIB.
El mercado entendió rápido que la operación era táctica, no estratégica. Sin un cierre del diferencial de tasas o una señal creíble de disciplina fiscal, el yen seguirá bajo presión. La intervención compró visibilidad política —Donald Trump la caracterizó como «gesto de amistad» el domingo 2 de agosto—, pero no cambió los fundamentales.
El riesgo de fondo: un Jenga global sostenido por el yen
Analistas consultados por Bloomberg advierten que la inestabilidad del yen representa un pilar debilitado en la arquitectura financiera global. Japón es el mayor acreedor neto del mundo y su moneda funciona como ancla de múltiples estrategias de carry trade que financian posiciones en mercados emergentes y activos de riesgo. Una venta desordenada de Treasuries para defender el tipo de cambio podría contagiar al mercado de renta fija estadounidense y, por extensión, a la valoración de activos globales.
La ministra de Finanzas japonesa, Satsuki Katayama, dejó la puerta abierta a nuevas intervenciones si fuera necesario. Pero cada operación consume reservas —Japón ya gastó más de USD 52 mil millones en un día— y el mercado sabe que sin cambios en la política monetaria o fiscal, el efecto será temporal. Bessent advirtió que las compras solo podrían frenar la volatilidad a corto plazo y que Japón debería acompañar con políticas que aborden las fuerzas estructurales.
El yen cotiza este viernes en 159.32 por dólar, apenas un 2.9% más fuerte que el máximo de 52 semanas en 164.00 alcanzado en julio. El diferencial de tasas sigue abierto, la deuda sigue creciendo y el BOJ sigue sin subir tipos de forma significativa. La intervención demostró que Washington y Tokio pueden coordinar fuego cruzado, pero el mercado ya probó que eso no basta para revertir la tendencia.