Yields ignoran intervención de Bessent: deuda de $40 billones pesa más

Andrés Valcárcel · Mercados Financieros · 2026-08-24

El secretario del Tesoro duplicó las compras de bonos el miércoles, los yields cayeron y rebotaron en 48 horas. El bono a 10 años cotiza hoy cerca de máximos de 20 meses mientras el gobierno paga más de $1 billón anual solo en intereses.

El plan de Scott Bessent para frenar el alza de yields duró menos que el alivio de mercado. El miércoles 19 de agosto el secretario del Tesoro anunció que duplicaría las compras de bonos a largo plazo, de $2 mil millones a «al menos» $4 mil millones mensuales. El bono a 10 años cayó ese día a 4.647% y el de 30 años a 5.196%. El jueves ambos rebotaron; el viernes el bono a 30 años volvió a cotizar cerca de su máximo en 19 años. Hoy lunes el bono a 10 años opera en 4.738%, borrando por completo el efecto de la intervención.

Bessent había prometido que el límite de $4 mil millones sería «un piso, no un techo», y que podría aumentar aún más si fuera necesario. El programa correría del 9 de septiembre al 4 de noviembre. Pero el mercado respondió con escepticismo desde el jueves, y las recompras aceleradas no lograron sostener la caída inicial de rendimientos.

El problema no son las compras, es la estructura

Krishna Guha, de Evercore ISI, calificó el plan como «una forma débil de Operation Twist» y advirtió que tendría «poco impacto duradero» y podría resultar contraproducente si el mercado lo lee como señal de que el Tesoro teme no poder financiarse a largo plazo a costos aceptables. Maia Crook, de JPMorgan Chase, fue más directa: las intervenciones «revelan desafíos estructurales subyacentes y no hacen nada para resolverlos». El riesgo real, según Crook, es un aumento en las primas de riesgo cuando el Tesoro se aleja de su promesa de emisión «regular y predecible».

La deuda nacional estadounidense ronda los $39.8 billones (a agosto de 2026). El gobierno ahora gasta aproximadamente $1 billón anual solo sirviendo la deuda. La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que los pagos netos de intereses totalizarán $16.2 billones en la próxima década, pasando de $1.0 billón en 2026 a $2.1 billones en 2036.

Con dos meses por cerrarse el año fiscal 2026, el déficit acumula $1.8 billones, un 5% más que el año anterior. El déficit de julio fue el mayor total mensual desde marzo de 2021, impulsado por el aumento en intereses y un gasto en expansión sin contrapartida de ingresos.

Presiones que las compras no pueden revertir

Los yields vienen subiendo desde julio por una combinación de factores: preocupaciones persistentes de inflación —que sigue muy por encima del objetivo del 2% de la Fed en medio del conflicto en Oriente Medio—, emisión masiva de deuda por empresas de inteligencia artificial que necesitan financiar data centers, y mayor gasto deficitario del gobierno federal. El extremo largo de la curva (bonos a 30 años) ha sentido especialmente la presión de esa emisión corporativa y la incertidumbre sobre la capacidad de la Fed de recortar tasas en el corto plazo.

Bessent ha desplegado recompras aceleradas y un esfuerzo de comunicación sin mayor éxito hasta ahora. El mercado espera que el secretario presente herramientas adicionales, pero la ventana de credibilidad se acorta con cada rebote de yields.

¿Refugio seguro en riesgo?

La pregunta sobre si el Tesoro estadounidense mantiene su estatus de refugio seguro está siendo cuestionada más abiertamente en 2026. El dólar mantiene aproximadamente el 58% de las reservas de divisas globales, bajando desde el 71% en 2000. De-dolarización, aumento de reservas de oro, preocupaciones fiscales estadounidenses, tensiones geopolíticas y cambios en expectativas de la Fed han elevado dudas sobre si el dólar aún se comporta como el activo de flight-to-quality del mundo.

El dólar no está perdiendo su rol global de la noche a la mañana, pero su dominio es cada vez más contestado. Traders pueden necesitar analizar el dólar y los bonos del Tesoro a través de dos lentes: los impulsores macro de corto plazo (datos de inflación, decisiones de la Fed, flujos de capital) y los cambios estructurales de largo plazo (acumulación de deuda, diversificación de reservas, emisión competitiva de otros gobiernos y corporaciones).

Bessent prometió el viernes que presentaría nuevas herramientas. Por ahora, el mercado sigue marcando el precio: el bono a 30 años cotiza cerca de niveles no vistos en dos décadas, y el costo de financiar la deuda estadounidense sigue subiendo independientemente de cuántos bonos compre el Tesoro cada mes.