Trump anuncia que Exxon entra a Venezuela pero la compañía guarda silencio

Carlos Ramírez · Geopolítica · 2026-09-08

El presidente afirmó el 31 de agosto que ExxonMobil invertirá en el país sudamericano. La petrolera, que en enero llamó a Venezuela «uninvestible», sigue sin confirmar planes concretos mientras Chevron avanza con $7.000 millones ya comprometidos.

Donald Trump anunció el 31 de agosto que ExxonMobil está entre las compañías petroleras que planean invertir en Venezuela. «Exxon is going in», dijo el presidente en un evento público donde destacó a varias <abbr title="Compañías petroleras internacionales de primer nivel">majors</abbr> estadounidenses. La compañía declinó comentar. No hay confirmación oficial, no hay cifras, no hay proyecto anunciado. Solo el nombre de Exxon en boca del presidente y un silencio corporativo que lleva ya ocho días.

La acción subió 2,71% ese lunes, interpretando el mercado una posible entrada a reservas probadas de más de 65.000 millones de barriles. Pero el rally se agotó rápido: para el viernes 4 de septiembre, XOM cerró en $159,47, cayendo 1,69% y devolviendo parte de las ganancias del anuncio.

De «uninvestible» a megadeal en ocho meses

En enero, la relación Trump-Exxon atravesaba su peor momento. El 9 de enero, Darren Woods, CEO de la petrolera, describió el mercado venezolano como «uninvestible» durante una reunión en la Casa Blanca. Trump había estado presionando a las compañías estadounidenses para invertir al menos $100.000 millones en el sector energético del país sudamericano. La respuesta de Woods no cayó bien.

En marzo, Exxon envió un equipo técnico para estudiar oportunidades sobre el terreno. Nada más. Ni comunicado de prensa, ni mención en calls con inversores, ni actualización en sus proyecciones de <abbr title="Gastos de capital">capex</abbr>. Mientras tanto, el Brent escaló por tensiones en Ormuz, no por expectativas de oferta venezolana.

Trump anuncia que Exxon entra a Venezuela pero la compañía guarda silencio

El acuerdo que Trump armó sin Exxon

El 2 de septiembre, la Casa Blanca formalizó lo que Trump describió como el mayor acuerdo petrolero de la historia. La compañía privada North American Blue Energy Partners (NABEP), liderada por el empresario venezolano Alejandro Betancourt, obtuvo un arrendamiento de 100 años sobre 17 campos petroleros con alrededor de 65.000 millones de barriles en reservas probadas.

Esas 65.000 millones de barriles equivalen a más de una vez y media las reservas probadas actuales de Estados Unidos, estimadas en unos 46.000 millones de barriles. La estructura, con el Pentágono tomando <abbr title="Participación accionaria">equity</abbr> directo en una compañía petrolera privada, no tiene precedentes en la historia energética estadounidense moderna.

Chevron confirma $7.000 millones; Exxon estudia

Mientras Trump nombraba a Exxon en sus anuncios, Chevron —la única <abbr title="Petrolera internacional de primer nivel">major</abbr> estadounidense activa en Venezuela— cerraba un acuerdo separado. Esta semana la compañía anunció una inversión de $7.000 millones para más que duplicar su producción en el país antes de 2031. Proyecto específico, monto concreto, calendario público.

La diferencia es operativa. Chevron nunca salió completamente de Venezuela tras la nacionalización de 2007; Exxon sí. Regresar implica renegociar términos, evaluar riesgos legales (tiene demandas pendientes contra el país) y reconstruir infraestructura desde cero. Analistas de la industria advierten que pasarán años antes de que la producción aumente de forma significativa, incluso si Exxon confirma entrada mañana.

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Qué significa para traders de energía

El Brent cotiza hoy en $96,94, en un contexto de tensiones en el Estrecho de Ormuz y ataques Houthis a infraestructura saudí, no por expectativas de oferta venezolana. El mercado entiende que cualquier barril nuevo de Venezuela está a 2-4 años de distancia, mínimo.

Trump puede anunciar acuerdos; los ingenieros petroleros deciden cuándo fluye el crudo. Venezuela tiene infraestructura destruida, falta de inversión de dos décadas y un marco legal que aún genera dudas entre abogados corporativos. Hasta que Exxon publique un proyecto específico —campo, inversión, calendario— el anuncio presidencial es ruido geopolítico, no catalizador de oferta.

Para el que opera XOM, la pregunta es simple: ¿el silencio de la compañía refleja prudencia legal o desinterés real? Woods envió un equipo en marzo. Eso no es un no rotundo, pero tampoco es el compromiso de $7.000 millones que Chevron ya firmó. Mientras el CEO no hable, el mercado cotiza potencialidad, no certeza.

El acuerdo NABEP existe. El Pentágono tiene su 35%. Betancourt promete $100.000 millones. Pero Exxon, la compañía que Trump puso en el centro del relato, sigue evaluando un mercado que hace ocho meses su propio CEO llamó «uninvestible». Esa brecha entre anuncio y acción es el dato que importa.