Valley of tears cerrado: emergentes captan USD 450B en bonos mientras EE.UU. pierde momentum

Andrés Valcárcel · Económicas · 2026-08-17

Flujos de deuda hacia países en desarrollo marcan récord de dos décadas en 2026. Reformas, reservas sólidas y spreads comprimidos abren ventana de refinanciamiento que contrasta con la sobrecarga fiscal de mercados desarrollados.

Los mercados emergentes vendieron USD 450 mil millones en bonos denominados en dólares o euros durante el primer semestre de 2026, un récord histórico que marca un alza del 15% interanual. El flujo neto de capital hacia estas economías alcanzó USD 18.800 millones en julio, según datos del Instituto de Finanzas Internacionales publicados la semana pasada, cerrando dos meses consecutivos de salidas y confirmando un cambio de ciclo que pocos anticipaban hace un año.

El contraste con la renta variable es brutal: mientras los bonos emergentes acumulan USD 214.400 millones en flujos durante 2026, las acciones de estos mismos países registran salidas netas de USD 86.000 millones. La preferencia por deuda sobre equity es clara, y la brecha de USD 300.400 millones entre ambas clases de activos refleja un mercado que apuesta por ingresos fijos con menor volatilidad en economías que completaron años de ajuste.

De la crisis permanente a la reinvención

«Roughly from 2015 to 2025 was like the valley of tears for emerging markets», afirmó David Hauner, director de estrategia de renta fija de mercados emergentes en Bank of America. Esa década trajo dólar fuerte, excepcionalismo estadounidense, defaults múltiples y la pandemia. Pero esa presión forzó reformas: países como Omán y Azerbaiyán lograron grado de inversión, mientras Ecuador y Pakistán salieron de categoría CCC, según datos de AllianzGI publicados en febrero.

Las reservas de divisas de estas economías cubren hoy el 135% de su deuda externa de corto plazo, alineadas con promedios históricos de largo plazo. Ese colchón reduce el riesgo de refinanciamiento y mejora la percepción de solvencia. La brecha de rendimiento sobre deuda estadounidense se comprimió hasta mínimos de casi dos décadas, lo que abarata el costo de financiamiento y abre una ventana para rollear pasivos a tasas más favorables.

Quién emite y quién recibe

Los mayores emisores del primer semestre fueron México, Arabia Saudí, Corea del Sur, Polonia, Turquía y Brasil, cada uno con más de USD 10 mil millones colocados. América Latina concentra buena parte del flujo: la región combina tasas reales atractivas, disciplina fiscal relativa y demanda interna de bonos que absorbe parte de la oferta sin depender solo de apetito externo.

Pero la dispersión geográfica importa. Asia registró ingresos netos en julio, mientras China mantuvo salidas persistentes. La narrativa de «todos los emergentes suben juntos» no aplica: los flujos premian reformas concretas y balances sólidos, no solo la etiqueta de «mercado emergente». La dispersión por país y por clase de activo obliga a mirar caso por caso.

Confluencia de catalizadores

Hauner señaló en diciembre pasado que la combinación de dólar más débil, tasas más bajas y petróleo barato reduce presiones de financiamiento y respalda flujos de capital más sólidos hacia economías emergentes. Ese escenario se materializó en 2026: el euro cotiza hoy en USD 1,1605, el Brent opera en USD 89,12 y las expectativas de recortes de tasas en EE.UU. mantienen al Treasury a 10 años en 4,696%, nivel que sigue atractivo pero que dejó de ampliar el diferencial con emergentes.

El análisis de PineBridge publicado en febrero anticipaba este escenario: estructuras con inflación controlada, disciplina fiscal estable y demanda que supera oferta. Los datos de julio confirman que esa tesis se sostiene, al menos por ahora.

Riesgos: la ventana puede cerrarse

Emitir a spreads históricos tiene una contrapartida: el margen de seguridad es bajo. Si la volatilidad geopolítica escala —tensiones en Oriente Medio, fricción comercial renovada, sorpresa inflacionaria en EE.UU.— los spreads se ampliarían rápidamente. El colchón de reservas es sólido, pero no inmune a shocks externos. La desaceleración en salidas de renta variable de julio (USD 7.800 millones vs. USD 46.100 millones en junio) muestra que el apetito por riesgo sigue frágil en el segmento de acciones.

La pregunta clave es si estamos ante un rebote táctico o el inicio de un ciclo secular comparable al de los años 2000. La diferencia radica en la sostenibilidad de las reformas: si los gobiernos aprovechan esta ventana para alargar vencimientos y reducir costo de deuda, el ciclo puede extenderse. Si desperdician la oportunidad, el próximo shock encontrará balances menos preparados.

Hauner anticipó en septiembre pasado que los inversores «serán mucho más alcistas a inicios de 2026 cuando confirmen que el impacto de tensiones comerciales sobre la economía será limitado». Esa confirmación llegó: los flujos de enero y julio lo demuestran. Ahora toca ver si los emisores usan ese capital para fortalecer estructura o solo para cubrir déficits corrientes. De esa decisión depende cuánto dura la salida de la «valley of tears».