El 10% más rico acapara 36% del gasto discrecional, según BofA
Andrés Valcárcel · Empresas y Resultados · 2026-07-09
Bank of America confirma la bifurcación: los hogares de mayores ingresos concentran más de un tercio del consumo en lujos. El resto apenas mueve la aguja. Cuando el crecimiento depende de uno de cada diez, el riesgo sistémico escala.
Los hogares en el top 10% de ingresos concentraron el 36,2% del gasto discrecional anual en 2023, una proporción que se mantiene vigente en 2026 según datos del <abbr title="Instituto de investigación del Bank of America que analiza patrones de gasto de consumidores">Bank of America Institute</abbr>. Mientras tanto, el bottom 10% apenas aporta el 2,1% de ese gasto. La comparación directa: el decil más rico gasta en bienes no esenciales casi lo mismo que los siete deciles inferiores combinados.
Liz Everett Krisberg, directora del Bank of America Institute, y David Michael Tinsley, economista senior de la misma entidad, publicaron esta semana el análisis sobre patrones de consumo por estrato de ingresos. «Estas categorías están entre los indicadores más claros de la salud del gasto del consumidor», advirtieron en su nota. El problema no es solo la magnitud de la brecha, sino lo que implica para el modelo de crecimiento actual.

Dos cifras, dos mundos
El crecimiento del gasto en los últimos doce meses confirma la tendencia K: el top 10% registró expansión nominal superior al 4%, mientras el resto de los deciles apenas superó el 3%. En enero de 2026, Bank of America reportó que el gasto con tarjeta de crédito entre clientes de altos ingresos creció 2,4% interanual, frente a apenas 0,4% en el segmento de bajos ingresos.
El top 1% de la distribución posee 31,7% de toda la riqueza de los hogares estadounidenses, según datos federales recientes (Q3 2025). El bottom 50% controla apenas el 2,5%. En acciones, la asimetría es todavía más pronunciada: el top 10% controla el 87% de todas las acciones, frente al 1% del bottom 50%.
- Top 10% de ingresos: 36,2% del gasto discrecional anual (2023-2026)
- Bottom 10%: 2,1% del gasto discrecional
- Crecimiento últimos 12 meses: +4% para top 10%, ~3% para el resto
- Concentración de riqueza: top 10% controla 87% de acciones, bottom 50% solo 1%
La discrepancia entre fuentes
Hay una brecha metodológica que merece transparencia. Moody's Analytics reporta que el top 10% controla aproximadamente el 49,7% del consumo total, la cifra más alta registrada. Pero el <abbr title="Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos">Bureau of Labor Statistics</abbr>, a través de su Consumer Expenditure Survey, sitúa esa proporción en 25,7% para 2023, apenas superior al 25% de 2020.
¿Contradicción? No exactamente. Moody's usa modelos basados en la <abbr title="Encuesta de finanzas del consumidor realizada por la Reserva Federal cada tres años">Survey of Consumer Finances</abbr>, que captura mejor la riqueza en activos financieros; la BLS se apoya en gasto reportado directamente por hogares. Bank of America, por su parte, analiza transacciones reales en tarjetas de crédito y débito de sus clientes, un universo limitado a un banco pero con datos de comportamiento efectivo, no proyecciones.
El hecho es que ninguna fuente contradice el patrón: la concentración del consumo en el top 10% es real y está creciendo. La diferencia radica en qué se mide y cómo.

Fragilidad sistémica enmascarada
La economía K-shaped no es solo un problema de desigualdad social. Es un riesgo estructural para mercados. Cuando cerca de la mitad del consumo proviene del decil superior, y ese consumo está impulsado por <abbr title="Efecto por el cual el aumento del valor de activos financieros (acciones, bonos, inmuebles) lleva a mayor gasto del consumidor">riqueza en activos financieros</abbr> (principalmente acciones), cualquier corrección significativa del mercado puede disparar una desaceleración económica rápida.
El top 10% sostiene su gasto porque su patrimonio neto ha crecido con el S&P 500 y el Nasdaq. Pero eso también significa que su consumo es más volátil que el del resto: una caída brusca en bolsa no solo reduce su riqueza en papel, sino que ajusta de inmediato su disposición a gastar en bienes discrecionales. Y si el 36% del gasto en esa categoría desaparece o se contrae, el agregado nacional lo siente.
Shruti Mishra, economista de Bank of America que dirigió el reporte «K, so what? Implications of a K-shaped economy» publicado el 29 de junio, señaló que si los consumidores afluentes siguen abriendo sus carteras, la inflación podría mantenerse pegajosa. El problema para la Fed: enfriar ese consumo implica enfriar el mercado de acciones, con riesgo de efecto dominó sobre el resto de la economía.
Qué implica para quien opera
Los titulares de «consumo resiliente» esconden una bifurcación severa. El gasto crece porque uno de cada diez hogares gasta el 36% de los bienes discrecionales; sin ese grupo, el cuadro sería distinto. Para traders y gestores, la lectura correcta de los datos macro exige diferenciar entre el agregado nacional y la realidad por estrato de ingresos.
Las ganancias en mercado benefician sobre todo a quien controla el 93% de las acciones. Eso amplifica la K. Y cuando ese segmento decide recortar gasto discrecional por cualquier motivo (volatilidad, incertidumbre, corrección del 10% o más), el impacto sobre sectores como retail de lujo, viajes, restaurantes y entretenimiento es desproporcionado.
Bank of America reporta que consumidores más ricos han sostenido un gasto saludable a pesar del mercado laboral difícil y precios en alza que han pesado sobre hogares de ingresos bajos y medios. Pero ese «saludable» depende de la riqueza en activos. Si las acciones corrigen, el soporte principal del consumo discrecional se evapora. Y con él, buena parte del argumento para el soft landing que el consenso todavía defiende.