Abel descarta chips como límite de IA y señala permisos de red eléctrica
Lucas Montero · Energía y Clima · 2026-09-03
El CEO de Berkshire dijo ayer en CNBC que producir energía no es el problema; preparar sitios e interconectarlos a la red tarda hasta 10 años. Mientras tanto, la firma cerró una inversión de $16.5B en Alphabet.
Greg Abel, CEO de Berkshire Hathaway, cerró ayer el debate sobre dónde se atora realmente el boom de IA: ni en chips ni en capacidad de generar electricidad, sino en los permisos y la interconexión a la red. En una entrevista en CNBC el miércoles 2 de septiembre, Abel fue directo: «Podemos producir la energía. El desafío es el tiempo para preparar los sitios e interconectarlos a la red». Los retrasos actuales oscilan entre 4 y 10 años, convirtiendo la burocracia de red en el principal cuello de botella para desplegar data centers.
El diagnóstico tiene peso porque viene del ejecutivo que controla tanto la chequera como la infraestructura. Berkshire invirtió $10 mil millones en Alphabet a un descuento del 6.5% mediante una colocación privada anunciada en junio; sumando compras en mercado abierto, la posición total alcanzó $36.6 mil millones al cierre del segundo trimestre, consolidando al gigante tecnológico como tercera mayor tenencia en la cartera de renta variable de Berkshire.
Permisos y transformadores frenan más que las turbinas
Los datos respaldan la advertencia de Abel. PJM Interconnection, el operador de red que controla gran parte del este de EE. UU., reportó en enero de 2026 que 29% de las solicitudes de cambio de hito fueron impulsadas por retrasos de permisos y otro 23% por restricciones de cadena de suministro. Traducido: más de la mitad de los proyectos en cola se estancan antes de generar un solo kilovatio, no por falta de turbinas sino por trámites y equipos como transformadores que tardan años en fabricarse.
Google, uno de los hyperscalers más agresivos en capex, ya enfrenta retrasos potenciales de hasta 12 años para conectar nuevos data centers a la red, según reportes de la industria. La demanda proyectada por Goldman Sachs muestra un salto de 31 GW en 2025 a 66 GW en 2027 solo en Estados Unidos. Berkshire Energy, que opera en Iowa, ya tiene data centers representando 8% de su carga total y Abel proyecta que esa cifra podría crecer 50% en los próximos cinco años.
Berkshire juega en ambos lados del embudo
La estrategia de Berkshire no es apostar por IA como promesa futura; es posicionarse en los dos extremos del problema: renta variable en quien gasta (Alphabet planea entre $175 mil millones y $185 mil millones de capex en 2026) e infraestructura que cobra por resolver el atasco. Berkshire Hathaway Energy está en medio de un programa de gasto de capital de aproximadamente $34 mil millones, cifra que supera el PIB de naciones pequeñas.
El modelo tiene un giro político que otras utilities no pueden replicar: Abel solo acepta servir a hyperscalers bajo la condición de que los ratepayers existentes no enfrenten aumentos de tarifa e idealmente salgan con un beneficio neto. Eso obliga a los clientes corporativos a financiar la infraestructura incremental, evitando el conflicto que otras empresas de servicios públicos enfrentan cuando reguladores rechazan pasar costos a consumidores residenciales.
- Inversión en Alphabet: $16.5 mil millones acumulados en Q2 2026, tercera mayor posición en cartera de Berkshire.
- Descuento de entrada: 6.5% bajo precio de mercado en el bloque de $6.5B negociado tras la llamada de mayo.
- Carga actual de data centers: 8% del total de Berkshire Energy en Iowa; proyección de crecimiento: +50% en cinco años.
- Programa de capex de Berkshire Energy: ~$34 mil millones, enfocado en expandir capacidad e interconexión.
- Condición para hyperscalers: financiación incremental sin impacto en tarifas residenciales.
La narrativa cambia de chips a hierro y papel
Durante dos años, el consenso de Wall Street sostuvo que el límite de IA eran las GPU de Nvidia. Luego, hace seis meses, el foco se movió a si habría suficiente capacidad de generación eléctrica para alimentar los data centers. Abel está diciendo que ambos debates son secundarios: el verdadero atasco es administrativo y logístico, no tecnológico.
Las cifras de demanda global lo confirman. La Agencia Internacional de Energía proyecta que el consumo de electricidad de data centers saltará de 415 TWh en 2024 a 945 TWh en 2030. Ese salto no se resuelve solo construyendo plantas; requiere permisos ambientales, acuerdos de uso de suelo, transformadores que tardan años en fabricarse y, sobre todo, convencer a operadores de red de que la infraestructura existente puede manejar la carga incremental sin colapsar durante picos de demanda.
Abel señaló en la entrevista que Berkshire no ha tenido rechazado ningún sitio específico hasta la fecha y planea avanzar con los proyectos bajo construcción. Esa declaración sugiere que la firma tiene ventaja regulatoria frente a otros actores, probablemente por su estructura privada (no cotiza en bolsa como utility tradicional) y por el modelo de costos que protege a consumidores locales.
Berkshire cotiza en $507.99, operando dentro del rango de 52 semanas entre $464 y $537.74. La apuesta por Alphabet —que reportó capex de $44.9 mil millones en Q2 de 2026— consolida a Berkshire en el lado demandante del mercado energético, mientras su brazo de utilities captura margen en el lado oferente. Abel está jugando ambos lados del negocio, con datos que validan la estrategia de inversión en infraestructura de IA y energía.
Para quien opera o invierte en el sector, el mensaje es claro: las empresas que controlan permisos, transformadores y acceso a red tienen más poder de fijación de precios que las que solo producen electricidad. Y las que pueden financiar infraestructura sin cargar costos a ratepayers tienen ventaja regulatoria estructural. Berkshire tiene ambas.