La Guardia Revolucionaria controla Irán y Araghchi rechaza negociar
Lucas Montero · Geopolítica · 2026-03-06
Siete días de guerra, 1.230 muertos confirmados y Teherán sin consenso político. La IRGC impulsa la línea dura y el ministro de Exteriores rechaza negociar. Esa fractura interna es lo que decide si esto escala o se negocia.
Irán lleva siete días en guerra directa con Israel y Estados Unidos con 1.230 muertos confirmados, pero internamente no hay acuerdo sobre cómo seguir. La <abbr title="Cuerpo de élite militar iraní que responde al Líder Supremo y controla industrias clave">Guardia Revolucionaria</abbr> (IRGC) ha reforzado su control sobre las decisiones militares e impulsa una estrategia dura: cierre del Estrecho de Ormuz, ataques con drones y misiles, amenazas de escalada. Al mismo tiempo, el ministro de Exteriores Abbas Araghchi dijo a NBC News que Teherán no buscaba un <abbr title="Suspensión temporal de hostilidades entre partes en conflicto">alto el fuego</abbr> y que no veía razón para negociar con Estados Unidos. La ironía: Irán libra una guerra que no tiene consenso político interno, y esa fractura es la variable que determinará si el conflicto escala hacia una confrontación regional o se negocia una salida.

El poder se concentra en la Guardia
Desde que comenzó la Operación Epic Fury el 28 de febrero, con ataques coordinados de Estados Unidos e Israel que resultaron en la muerte del líder supremo Ali Khamenei, la IRGC ha tomado las riendas operativas del régimen. La Guardia ya había anticipado la decapitación del liderazgo y delegó autoridad en tres rangos inferiores de mando para garantizar continuidad operacional, según explicó el viceministro de Defensa Reza Talaeinik en una entrevista televisiva el martes: cada figura en la estructura de mando nombró sucesores listos para reemplazarlos si caían.
Esta estrategia de resiliencia asegura que el aparato militar iraní siga funcionando incluso bajo fuego intenso, pero también multiplica el riesgo de mal cálculo: oficiales de rango medio facultados para atacar estados vecinos sin consultar arriba. Estados Unidos ha atacado cerca de 2.000 objetivos en Irán desde el sábado, según CENTCOM. La IRGC ha respondido cerrando el Estrecho de Ormuz, atacando buques petroleros y lanzando oleadas de misiles contra bases estadounidenses en el Golfo.
El nuevo jefe de la Guardia, Ahmad Vahidi, está presente en cada reunión de alto nivel y su objetivo primordial es «la supervivencia del sistema revolucionario islámico de Irán», según un oficial de seguridad cercano a la Guardia. En la práctica, la gobernanza se ha desplazado de instituciones políticas visibles hacia actores de seguridad arraigados con antecedentes en la IRGC. Ese giro concentra poder, pero también aísla a los negociadores civiles.
Araghchi: «Nos atacaron en medio de las negociaciones»
Mientras la Guardia aprieta el gatillo, el ministro de Exteriores Abbas Araghchi rechaza cualquier conversación con Washington. En una entrevista con NBC News, Araghchi dijo que Irán había negociado dos veces con Estados Unidos en las últimas semanas y que en ambas ocasiones fueron atacados en medio del proceso. «No veo por qué deberíamos negociar», afirmó. El 26 de febrero, el ministro de Exteriores de Omán, mediador de las conversaciones indirectas, había anunciado «progreso significativo» y un acuerdo para reunirse en Viena la semana siguiente. Dos días después comenzaron los bombardeos.
Trump, por su parte, dijo públicamente que Irán «quiere hablar», pero el 3 de marzo escribió en Truth Social: «Su defensa aérea, Fuerza Aérea, Marina y Liderazgo se fue. Quieren hablar. Dije: '¡Demasiado tarde!'». Esa postura cierra la puerta diplomática desde Washington justo cuando Teherán señala que fue traicionado en la mesa de negociación.

La contradicción es evidente: los líderes supervivientes de Irán han rechazado públicamente negociar, pero canales traseros sugieren que sí hay intentos de contacto. Araghchi, sin embargo, mantiene la línea oficial: negociar ahora sería aceptar la derrota.
El mercado espera: Ormuz cerrado y petróleo al alza
El Estrecho de Ormuz, que transporta una quinta parte del petróleo mundial, está prácticamente cerrado desde el 2 de marzo, cuando un oficial sénior de la IRGC confirmó oficialmente el cierre y amenazó con disparar contra cualquier buque que intentara atravesarlo. El tránsito de crudo cayó 83%: de un promedio de 24 buques al día desde enero a solo cuatro el domingo 1 de marzo, tres de ellos con bandera iraní.
El Brent cerró el martes 3 de marzo en 82 dólares por barril, con una subida superior al 1%; el WTI se movió poco (+0,2%) en 74,56 dólares. Los analistas esperan que el Brent promedie 10 dólares más que antes en el segundo trimestre de 2026, pero advierten: si la interrupción del estrecho dura cinco semanas, el precio podría alcanzar los 100 dólares por barril. Eso presiona a Trump políticamente: petróleo caro en 2027 complica la reelección en 2028.
- Al menos cinco buques cisterna dañados, dos muertos y alrededor de 150 buques varados alrededor del estrecho.
- Las primas de seguros por riesgo de guerra en el estrecho aumentaron de 0,125% a entre 0,2% y 0,4% del valor del seguro del buque por tránsito; para petroleros muy grandes, eso equivale a un aumento de un cuarto de millón de dólares.
- Maersk pausó operaciones y los recargos de guerra se dispararon, encareciendo no solo combustible sino también chips y alimentos que dependen de rutas por el Golfo.
Por qué importa la fractura
La división interna en Teherán no es solo una anécdota política: determina si este conflicto tiene salida negociada o escala hacia una confrontación regional. Si la IRGC mantiene el control operativo y sigue apostando por la línea dura, la capacidad de Irán para sentarse a negociar queda limitada incluso si el liderazgo civil lo quisiera. Y si oficiales de rango medio facultados para atacar toman decisiones autónomas, el riesgo de mal cálculo se multiplica.
Incluso si el establecimiento de seguridad iraní decidiera que quiere una pausa, no está claro si alguien puede imponerla en los centros de poder fracturados de Irán, o si un acuerdo podría sobrevivir al ritmo de ataques y contraataques. Cuanto más se degrada el sistema iraní, más una negociación podría parecerse a un revuelo para identificar un signatario en lugar de un proceso clásico entre gobiernos intactos.
La Guardia apuesta a que Estados Unidos se cansará antes que ellos; Washington apuesta a que la presión militar quebrará el régimen. Mientras tanto, el petróleo sube, Ormuz sigue cerrado y los muertos aumentan. La pregunta no es solo si Irán puede sostener la guerra militarmente, sino si puede sostenerla políticamente. Y la respuesta, por ahora, es que ni siquiera lo ha decidido.