Zuckerberg, Musk y Huang lograron frenar la supervisión de IA que Trump estudiaba
María González · Sociedad y Tendencias · 2026-09-18
Zuckerberg, Musk y Huang hablaron con Trump en agosto y bloquearon un organismo de supervisión que habría beneficiado a OpenAI, Anthropic y Google. Nvidia tiene $279.000 millones en obligaciones de suministro pendientes.
Mark Zuckerberg (Meta), Elon Musk (SpaceX) y Jensen Huang (Nvidia) hablaron por separado con el presidente Donald Trump en agosto y lograron que frenara una propuesta de supervisión de <abbr title="Inteligencia Artificial">IA</abbr> que habría concentrado poder en OpenAI, Anthropic y Google DeepMind. La iniciativa, presentada el 14 de julio por Demis Hassabis, científico jefe de Google, planteaba crear un organismo de estándares modelo <abbr title="Financial Industry Regulatory Authority, regulador autofinanciado de la industria bursátil en EE.UU.">FINRA</abbr>: los laboratorios compartirían sus modelos de forma voluntaria hasta 30 días antes del lanzamiento para pruebas de seguridad que sondearan capacidades cibernéticas, biológicas y de «engaño». Trump no avanzó con la idea.
Escasez admitida: el dato que Huang no quería en un marco regulatorio
Huang fue el más directo en su oposición. En la presentación de resultados del segundo trimestre fiscal 2027 (26 de agosto), el CEO de Nvidia declaró: «En este momento, tenemos suministro para el 70%. Tenemos más del 70%, pero alrededor del 70%. Nuestra demanda es mucho mayor que eso». La empresa reportó $96.220 millones en ingresos (+105,85% interanual) y orientó el tercer trimestre a $108.000 millones, mientras las obligaciones de suministro pendientes alcanzaron $279.000 millones. Esa brecha —un 30% de demanda no cubierta con pipeline comprometido de casi tres veces los ingresos trimestrales— se mantiene porque la escasez sostiene precios. Una regulación que ralentizara el despliegue de nuevos modelos habría reducido la urgencia de compra.

El cálculo es simple: si Nvidia factura $108.000 millones en el tercer trimestre y tiene $279.000 millones en compromisos de suministro, está arrastrando pedidos equivalentes a 2,6 trimestres de ingresos proyectados. Desacelerar la carrera de IA —como habría hecho un proceso de auditoría de 30 días previo a cada lanzamiento— habría estirado esos plazos y enfriado la prima de urgencia que pagan los compradores. Meta, Microsoft, Amazon, Alphabet y otros ya comprometieron $1,08 billones para 2027 sin retorno claro; una pausa regulatoria habría dado espacio para replantear ritmos de gasto.
Qué proponía Hassabis y por qué chocaba con los tres
La arquitectura de Hassabis era voluntaria pero ambiciosa: un cuerpo financiado por la industria evaluaría modelos frontera antes del despliegue, buscando capacidades de ataque cibernético, diseño de armas biológicas y manipulación. El modelo FINRA —el regulador autofinanciado que supervisa brokers en EE.UU.— implicaba que los propios laboratorios pagarían por la auditoría. Zuckerberg argumentó que «la competencia y la responsabilidad civil dan incentivos fuertes para construir sistemas seguros», rechazando la necesidad de un intermediario. Musk respaldó públicamente la advertencia de Dario Amodei (Anthropic) sobre desacelerar el desarrollo de IA, escribiendo «Dario tiene razón», pero SpaceX<abbr title="Nombre informal de la división de IA de SpaceX">AI</abbr> no anunció ningún plan para coordinar una pausa.
- Meta reportó $60.800 millones en ingresos en el segundo trimestre de 2026; Zuckerberg dijo que «la IA está acelerando nuestro negocio principal hoy». La empresa lanzó su agente de IA personal Muse, que alcanzó ~600.000 descargas en cinco días.
- Nvidia enfrenta un cuello de botella de oferta admitido en earnings; ralentizar lanzamientos de modelos habría reducido la presión de compra inmediata que infla su backlog.
- SpaceX mantiene una posición ambigua: retórica de seguridad en público, inacción operativa en la práctica; Musk bloqueó un mecanismo que habría auditado sus propios modelos.
El detalle político importa: Sriram Krishnan, asesor de IA de la Casa Blanca, ya había declarado que la administración Trump no establecería una agencia de supervisión de IA separada «como la FDA». La propuesta de Hassabis buscaba evitar eso con un modelo autofinanciado, pero los tres ejecutivos vieron el riesgo de que OpenAI, Anthropic y Google —las tres firmas con más experiencia en auditorías internas de seguridad— se convirtieran en los estándares de facto del organismo. Meta y Nvidia, con modelos open-source (Llama) y chips en vez de modelos propios, quedarían en desventaja regulatoria frente a competidores que ya practican el tipo de evaluación que el cuerpo habría requerido.

De promotor a think tank: el pivote de Hassabis tras el bloqueo
Dos días después de que se conociera el rechazo de Trump, Hassabis lanzó el Instituto DeepMind el 16 de septiembre, un think tank para explorar preparación social ante la <abbr title="Inteligencia General Artificial, sistemas de IA con capacidades cognitivas equivalentes o superiores a las humanas en todas las tareas">AGI</abbr>. El timing sugiere un pivote: sin marco regulatorio federal, DeepMind busca influencia por la vía académica y de narrativa pública. El contexto geopolítico añade presión: Xi Jinping visitará Washington el 24 de septiembre, seis días después del anuncio del instituto, con una delegación empresarial enfocada en IA. La brecha de inversión medida por Goldman Sachs —$286.000 millones en EE.UU. frente a $12.000 millones en China— convierte cualquier freno regulatorio estadounidense en ventaja relativa para Pekín.
Nvidia cerró el jueves 17 de septiembre en $219,34 (+2,54% en la sesión), a un 6,85% de su máximo histórico. Meta cerró ese mismo día en $682,31 (+1,34%), con una caída del 13,43% desde su pico. Alphabet ($343,68, +1,27%) acumula un retroceso del 13,87% desde máximos. Las tres siguen en rango alcista, pero lejos de los niveles que justificarían una narrativa de dominio total en IA. El mercado premia resultados —Nvidia bate por amplio margen, Meta monetiza IA en su negocio publicitario—, pero no compra la historia de que un regulador habría sido bueno para la competencia.
La jugada tiene precedente reciente: Trump amenazó hace dos días con vincular política arancelaria a decisiones de la Fed, una presión que el economista Justin Wolfers calificó de «sinsentido económico». En IA, la presión funcionó: tres llamadas telefónicas en agosto fueron suficientes para enterrar una propuesta que Hassabis había presentado con apoyo inicial incluso de Sam Altman y del propio Musk. Cuando la regulación molesta a quienes controlan la infraestructura, la infraestructura gana.