Hanke diseña dolarización contra el 400% de inflación

Andrés Valcárcel · Económicas · 2026-08-23

El profesor que domó la hiperinflación en Bulgaria y Ecuador asesorará a Venezuela para eliminar el bolívar, cerrar el Banco Central y adoptar el dólar como única moneda oficial.

Venezuela explora eliminar su moneda nacional. Steve Hanke, el economista que en 1997 redujo la inflación de Bulgaria del 242% mensual a menos del 10% anual en seis meses, está diseñando una propuesta de dolarización plena para el país sudamericano. La inflación en bolívares ronda el 400% anual en agosto de 2026, según cifras de Fortune.

El plan contempla sustituir completamente el bolívar por el dólar estadounidense, cerrar el Banco Central de Venezuela y eliminar la capacidad del Estado para financiar gasto mediante emisión monetaria. Hanke, profesor de Economía Aplicada en Johns Hopkins, estima las probabilidades de que la Asamblea Nacional apruebe la ley entre 50% y 80%, la cifra más alta que asigna a una reforma monetaria en Venezuela desde que su propio plan de caja de conversión fue rechazado en 1995-96.

Quién impulsa el proyecto y quién lo niega

El artículo de Fortune publicado el jueves afirmaba que la Asamblea Nacional había designado formalmente a Hanke como asesor especial. La realidad es más estrecha: el equipo del diputado Antonio Ecarri confirmó el viernes 21 que el contacto con el economista fue «a título personal» del legislador, no una iniciativa oficial del Parlamento. Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea de mayoría chavista, negó que la institución haya contratado o designado a Hanke.

Ecarri defiende desde 2017 que la dolarización es «la vacuna contra la hiperinflación en Venezuela». Su equipo aclaró que buscó al economista por iniciativa propia, sin mandato parlamentario. El plan técnico existe; el respaldo político formal, no tanto.

Por qué ahora parece más viable que antes

La captura de Nicolás Maduro por la DEA el 3 de enero de este año abrió un escenario político inédito. Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina dos días después, y la inflación en bolívares bajó del 700% previo a la detención al 400% actual. Sigue siendo una cifra brutal: el banco central reportó 129,8% de inflación acumulada solo en los primeros seis meses de 2026.

El colapso petrolero eliminó la principal fuente de divisas del Estado. La deuda acumulada equivale a más de una vez y media el tamaño de la economía. En ese contexto, una reforma monetaria radical que hace tres años parecía imposible empieza a discutirse como opción técnica seria.

El historial de Hanke en terreno hostil

Hanke lleva cinco décadas asesorando gobiernos sobre reformas monetarias en medio de crisis. Su credencial más citada es Bulgaria en 1997: cuando llegó, la inflación alcanzaba 242% mensual. Implementó una caja de conversión vinculando el lev al marco alemán, y en julio de ese año la inflación anualizada cayó por debajo del 10%.

En 1999 persuadió a Montenegro para abandonar el dinar yugoslavo por el marco alemán. Un año después supervisó el cambio de Ecuador del sucre al dólar estadounidense, la primera dolarización completa en América Latina. Ecuador mantiene el dólar como moneda oficial hasta hoy, 26 años después.

Qué dicen los escépticos

Varios analistas consultados por Bloomberg Línea consideran que Venezuela aún no reúne las condiciones para una dolarización formal. Los obstáculos enumerados incluyen problemas fiscales sin resolver, un sistema financiero débil, escasez de divisas para realizar la transición y falta de consenso político sobre cómo ejecutar el cambio.

El argumento técnico de Hanke es que justamente esos problemas se perpetúan mientras el Estado conserve la capacidad de emitir moneda para financiar gasto. Cerrar el banco central y anclar el dólar elimina esa válvula de escape, forzando disciplina fiscal. Los críticos replican que sin divisas suficientes y sin un plan claro de transición, el salto puede generar más caos que estabilidad.

La inflación bajó a la mitad desde la captura de Maduro, pero sigue en niveles que destruyen el ahorro y paralizan la inversión. La pregunta de fondo no es si el bolívar funciona —claramente no— sino si el entorno político y fiscal venezolano permite ejecutar una dolarización ordenada o si el plan de Ecarri y Hanke quedará, como en 1995, archivado.