¿Qué paga más: financiar la deuda federal o tu propia casa?

Lucas Montero · Económicas · 2026-08-20

Estados Unidos gastó $1.2 billones en intereses este año mientras las hipotecas superan el 6.7%. El Tesoro a 30 años marca máximos de 19 años y el consumidor paga la cuenta.

La deuda pública estadounidense superó los $40.05 billones el pasado martes 18 de agosto, apenas cinco meses después de romper la barrera de los $39 billones. El costo de servir esa montaña de bonos ya alcanzó $1.2 billones en 2026, el tercer mayor gasto federal tras Social Security y Medicare, según datos del Congressional Budget Office.

El bono del Tesoro a 30 años cerró el miércoles 19 en 5.28%, después de tocar 5.31% el sábado 17, su nivel más alto desde julio de 2007. El Treasury a 10 años opera hoy en 4.64%. Mientras, la hipoteca promedio a 30 años alcanzó 6.7% la semana pasada, limitando el acceso a vivienda para millones de hogares.

El gobierno duplicó su deuda en una década

Hace diez años, la deuda nacional estadounidense rondaba los $19.4 billones. Hoy, con $40 billones, el stock se duplicó en una década mientras los déficits fiscales persistentes alimentaron la emisión. Solo en julio, el déficit mensual alcanzó $432.3 mil millones, el más alto desde marzo de 2021.

La aceleración es notoria: pasar de $30 billones a $40 billones tomó cuatro años y medio. A ese ritmo, cada billón de deuda adicional tarda menos en acumularse que el anterior. El artículo publicado ayer planteaba cuándo el mercado deja de comprar; la pregunta de hoy es qué pasa mientras tanto con quien necesita financiarse para comprar una casa.

Proyección CBO: de $1 billón a $2.1 billones en una década

El Congressional Budget Office proyecta que los pagos netos de interés sumarán $1.0 billones en el año fiscal 2026 —equivalente al 3.3% del PIB—, pero ese porcentaje subirá a 4.6% del PIB en 2036, cuando el gasto en intereses alcance los $2.1 billones anuales.

Sumados, los pagos de interés de la próxima década totalizarán $16.2 billones. Esa cifra no incluye el efecto de tasas más altas de lo previsto: cada punto porcentual por encima de las proyecciones del CBO añade cerca de $2 billones en costos adicionales durante diez años.

Contraste retail: hipoteca al 6.7% vs. T-bill al 3.69%

Para el ahorrador promedio, la paradoja es clara. Los T-bills a 4 semanas pagan 3.69% según el cierre del martes 19, un rendimiento seguro pero que no compensa la inflación reciente ni el costo de oportunidad de capital. Pedir prestado para comprar vivienda cuesta 6.7% o más, casi el doble.

Esa brecha —de casi 300 puntos básicos— refleja el spread de riesgo que el mercado cobra al consumidor cuando el volumen de emisión soberana presiona las tasas largas hacia arriba. Inversores nerviosos exigen tasas más altas para financiar la montaña de Treasuries, y esa repricing se traslada de inmediato al crédito hipotecario.

Hacer la cuenta es sencillo: sobre una hipoteca de $300,000 a 30 años, la diferencia entre una tasa del 5.5% y una del 6.7% implica cerca de $230 adicionales al mes, o $2,760 al año. Multiplicado por 30 años, son más de $82,000 en intereses extra por el mismo préstamo.

Trayectoria insostenible sin punto de giro

Margaret Spellings, presidenta del Bipartisan Policy Center, fue más directa en declaraciones a NPR el miércoles: «Nuestra trayectoria fiscal actual es claramente insostenible, y eso es el mejor escenario». Incluso bajo supuestos optimistas de crecimiento y tasas moderadas, el déficit estructural no tiene corrección a la vista.

La reciente pérdida de ingresos por aranceles invalidados del presidente Trump —sumada a déficits que superarán los $2 billones este año fiscal— mantiene la emisión de deuda en máximos. El mercado, por ahora, sigue comprando. Pero cada subasta de Treasuries a tasas más altas encarece automáticamente hipotecas, préstamos de consumo y financiamiento corporativo.

Aproximadamente un tercio de la deuda estadounidense está en manos de inversores extranjeros, principalmente Japón, China y Reino Unido. Ese flujo externo se beneficia del alza en pagos de interés, pero también representa una fuente de vulnerabilidad si esos tenedores deciden rotar hacia activos de mercados emergentes con spreads más atractivos.

El Treasury a 10 años cotiza hoy en 4.64%, nivel que hace tres meses parecía techo y hoy es piso. La pregunta ya no es si la deuda asusta, sino a qué tasa el siguiente billón se vuelve imposible de colocar sin ofrecer rendimientos que quiebren cualquier presupuesto doméstico.