Trump dobla la apuesta y amenaza aranceles a Seúl por Alaska LNG

Andrés Valcárcel · Geopolítica · 2026-10-05

El presidente escaló de anuncio optimista a ultimátum comercial en 72 horas. Corea del Sur insiste en que solo acordó evaluar viabilidad del proyecto de $54.000 millones, no comprometerse.

Donald Trump amenazó el pasado viernes con represalias comerciales contra Corea del Sur si el país asiático no confirma su participación en el proyecto <abbr title="Gas natural licuado">Alaska LNG</abbr> de $54.000 millones. La presión llegó apenas 48 horas después de que el Ministro de Industria de Seúl, Kim Jung-kwan, protestara ante la Casa Blanca por haber anunciado el acuerdo «mucho más allá de lo que se acordó».

El miércoles 30 de septiembre Trump presentó el proyecto de Alaska como pieza central del compromiso energético de Seúl con Washington, junto con ocho reactores nucleares y una planta de gas en Texas. Según el anuncio presidencial, ambos países habrían «acordado comenzar a trabajar juntos» en el desarrollo del terminal de exportación y las 807 millas de tubería desde el norte de Alaska.

Seúl rechaza compromiso firme y exige viabilidad

El jueves 1 de octubre Kim Jung-kwan contactó con el Secretario de Comercio Howard Lutnick para aclarar que la postura coreana se limita a participar «solo si es comercialmente viable». El presidente Lee Jae Myung añadió dos precondiciones explícitas: confirmación de rentabilidad económica y cumplimiento de los procedimientos legales domésticos de Corea del Sur antes de cualquier desembolso.

La discrepancia no es menor. Trump presentó una inversión cerrada; Seúl, un estudio de factibilidad en curso. Corea del Sur es el tercer importador mundial de gas natural licuado, lo que explica el interés estratégico de ambos lados, pero también la cautela de un comprador acostumbrado a analizar contratos a largo plazo en un mercado donde la demanda asiática se ha redirigido hacia proveedores estadounidenses tras la crisis en el Estrecho de Ormuz.

Trump dobla la apuesta y amenaza aranceles a Seúl por Alaska LNG

Contexto político: Alaska y noviembre

El proyecto Alaska LNG lleva más de una década en desarrollo, frenado por falta de financiamiento y contratos de compra asegurados. Brendan Duval, CEO de Glenfarne Group —operador del proyecto—, afirmó que tras completar licitaciones de contratistas globales el proyecto está «más cerca de una decisión final de inversión que en cualquier momento anterior de su historia».

Pero el timing político también pesa. Alaska tiene una competencia de Senado competitiva en las elecciones de noviembre, y el proyecto es políticamente importante para el bloque republicano. Un acuerdo cerrado con Corea del Sur antes de los comicios reforzaría la narrativa de Trump sobre recuperación de empleos industriales y seguridad energética, dos temas centrales en su campaña.

El marco del desacuerdo: $350.000M y aranceles del 15%

Corea del Sur había acordado en julio de 2025 invertir $350.000 millones en infraestructura estadounidense bajo un tratado comercial que estableció <abbr title="Impuestos a la importación de bienes extranjeros">aranceles</abbr> del 15% a las importaciones coreanas. Según Lutnick, más de $50.000 millones irían a Alaska LNG y $120.000 millones a ocho plantas nucleares, incluyendo un fondo de contingencia de $20.000 millones.

La amenaza de Trump del viernes implica que, si Seúl no avanza con Alaska, Washington podría aumentar esos aranceles o imponer medidas adicionales. No se han especificado las represalias concretas, pero el antecedente del tratado de 2025 muestra que la administración ha usado aranceles como palanca negociadora con aliados estratégicos.

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Viabilidad real del proyecto

Glenfarne asegura haber confirmado que el proyecto es económicamente viable tras completar licitaciones de contratistas, pero no ha publicado la evaluación detallada ni los contratos de compra a largo plazo que suelen anclar proyectos de esta escala. Para contexto, el desarrollo incluye no solo el terminal de exportación sino también 807 millas de tubería atravesando terreno ártico, infraestructura logística en zonas remotas y permisos ambientales aún en trámite.

La postura de Corea del Sur es la de un comprador institucional experimentado: importa <abbr title="Gas natural licuado">GNL</abbr> desde hace décadas y conoce el riesgo de financiar proyectos que luego no alcanzan los costos prometidos o sufren retrasos que encarecen el suministro. Tras la guerra en Irán, los importadores asiáticos compraron más GNL estadounidense, lo que convirtió a EE.UU. en el mayor productor y exportador mundial, pero eso no elimina la evaluación caso por caso de cada proyecto.

La brecha entre el anuncio del miércoles y la amenaza del viernes condensa el choque entre dos lógicas: la de una administración que busca cerrar acuerdos con impacto electoral inmediato y la de un gobierno aliado que exige análisis financiero antes de comprometer capital público o privado en una infraestructura de riesgo elevado.