De Amarok a misiles: VW abandona líneas de coches por crisis de márgenes

Lucas Montero · Empresas y Resultados · 2026-03-24

Volkswagen reconvierte su planta de Osnabrück para fabricar componentes de defensa. El negocio tradicional ya no genera rentabilidad suficiente frente a la competencia china y los costes de la transición eléctrica.

Volkswagen está en conversaciones con Rafael Advanced Defence Systems para reconvertir su planta de Osnabrück en una fábrica de componentes de defensa para misiles. La producción de vehículos en esa instalación finalizará el próximo año. No es un experimento: empleados de la planta ya han desarrollado prototipos de vehículos militares basados en el Volkswagen Amarok y la furgoneta Crafter, modificados para cumplir estándares tácticos.

El movimiento expone una realidad incómoda: fabricar coches en Europa ya no genera los márgenes que generaba. La competencia china en eléctricos, los costes de producción locales y una transición forzada a baterías han convertido el negocio tradicional en una trampa de capital. Volkswagen, que en 2023 lideró el <abbr title="Ranking de las 500 mayores empresas europeas por ingresos anuales">Fortune 500 Europa</abbr> con 348.000 millones de dólares en ingresos, ha visto su valor de mercado caer a solo 60.000 millones. Y ahora busca ingresos donde otros sectores sí tienen margen: defensa.

De Amarok a misiles: VW abandona líneas de coches por crisis de márgenes

Márgenes que no dan para respirar

La rentabilidad operativa de Volkswagen ha caído del 4%-5% al 2%-3%, y el flujo de caja neto se prevé que sea cero. Para 2026, la compañía pronosticó un margen operativo de entre 4% y 5,5%, frente al 2,8% registrado en 2025 y el 5,9% de 2024. El problema no es solo de Volkswagen: afecta a toda la cadena de suministro europea.

En Europa, la industria prevé un crecimiento del 1,6% en 2026, tras contracciones del -5,1% en 2024 y -2% en 2025, según datos de Crédito y Caución. En Alemania, epicentro del sector, la producción caerá un 2,7% el próximo año por débil demanda, reducción de márgenes y aranceles. Fabricar en Europa sigue siendo costoso: energía cara, regulación fragmentada, costes laborales elevados y una red de proveedores que no compite con la densidad ni los precios de China.

China ganó la partida del eléctrico

La cuota de mercado de los vehículos eléctricos chinos en la Unión Europea pasó del 0,5% en 2019 al 8% en 2023. Mientras tanto, las exportaciones de vehículos europeos hacia China cayeron más de un 30% en 2025, según el Instituto Económico Alemán. BYD, el fabricante chino líder mundial en ventas de eléctricos e híbridos enchufables, alcanzó 4,6 millones de unidades vendidas en 2025, con un beneficio neto que creció un 24,4% en el primer semestre, hasta 1.720 millones de euros.

Luca de Meo, CEO del Grupo Renault, lo resumió con claridad: «Mientras los americanos estimulan y los chinos planifican, los europeos regulan». La narrativa de la transición verde pasó de horizonte ilusionante a losa financiera.

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Defensa, el refugio inesperado

Mientras Volkswagen enfrenta erosión de márgenes y caída de valor, Rheinmetall ha triplicado su valor de mercado desde la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, impulsado por la expectativa de un aumento en el gasto militar europeo. Armin Papperger, CEO de Rheinmetall, anunció perspectivas de crecimiento «como nunca antes hemos experimentado» ante los planes de rearme europeos tras el giro de la administración estadounidense.

Oliver Blume, director de Volkswagen, confirmó en marzo de 2025 que la compañía estaba «abierta» a una hipotética utilización de sus plantas del este para la industria de defensa. Daniela Cavallo, jefa del comité de empresa de Volkswagen, se mostró abierta a estos proyectos de armamento debido al cambio en la situación de seguridad política en Europa. El 40% de los proveedores europeos asegura que ha aumentado su exposición a sectores no automovilísticos, entre ellos defensa. No es coincidencia: es estrategia de supervivencia.

Qué significa para quien invierte

La reconversión de fábricas automotrices a defensa no es un ajuste táctico temporal. Es admisión de que la inversión masiva en una tecnología que el mercado aún no demanda de forma masiva —el eléctrico europeo— no genera los retornos esperados. Para quienes tienen exposición al sector automovilístico europeo, el mensaje es claro: la volatilidad continuará. El rango de márgenes esperado para Volkswagen (4-5,5% en 2026) deja poco margen para sorpresas; cualquier desviación a la baja castigará la acción.

Por el contrario, los fabricantes de defensa europeos —BAE Systems, Thales, Rheinmetall— ofrecen retornos donde la automoción falla. La industria de defensa europea vive un boom de pedidos impulsado por el rearme de la OTAN, y esa reasignación de capital ya es visible en las valoraciones. Para inversores en valor, la pregunta es si Volkswagen puede ejecutar esta diversificación sin destruir más capital en el proceso. Para quienes buscan crecimiento, la respuesta ya está en otro sitio: China domina el eléctrico, Europa apuesta por tanques.

El drama de Volkswagen no es una anomalía. Es el síntoma más visible de una crisis que afecta a la totalidad de la industria del automóvil en Europa. Y cuando una de las mayores automotrices del mundo deja de fabricar furgonetas para producir componentes de misiles, la señal es inequívoca: el negocio tradicional ya no da.