Traders vacían almacenes LME mientras Trump deja vencer plazo arancelario

Carlos Ramírez · Materias Primas · 2026-08-27

El cobre retrocede de máximos históricos, pero las órdenes de retiro físico marcan un ratio del 50% en warrants. El plazo para decidir aranceles expiró en junio sin anuncio oficial.

El cobre cerró el miércoles en $6,56 por libra, retrocediendo un 0,43% en 24 horas tras acercarse a máximos históricos. Pero el dato que importa no está en el precio: 121.375 toneladas métricas fueron marcadas para salir de almacenes de la LME el 21 de agosto, un aumento del 73,45% respecto al día anterior. El ratio de cancelación de warrants llegó al 50,52%, el nivel más alto en años.

Traducido: la mitad del metal registrado en la bolsa de Londres tiene órdenes de retiro. No está disponible para el mercado físico aunque figure en las estadísticas oficiales de inventarios. El alivio que trajo el repunte de stocks la semana pasada se evapora cuando ves cuánto de ese metal ya tiene dueño y destino.

Por qué las cancelaciones importan más que el precio

Las cancelaciones de warrants no son especulación pura. Señalan intención de entrega física: un operador quiere ese cobre fuera del sistema de la bolsa, ya sea para consumo industrial, para trasladarlo a otra bolsa (Comex en Nueva York) o para almacenamiento privado. Cuando el ratio de cancelación supera el 50%, el mercado está diciendo que más de la mitad de lo que aparece como «disponible» en realidad no lo está.

Los inventarios monitoreados de la LME habían subido a 238.575 toneladas al 20 de agosto, aproximadamente un 16% por encima del mínimo de febrero. Pero esa cifra engaña: desde mediados de mayo, los stocks cayeron casi 50% en una racha de 42 días consecutivos de declives. La recuperación reciente es modesta y, como muestran las cancelaciones, gran parte de ese metal ya tiene destino fuera de la LME.

El arbitraje que drena metal hacia Estados Unidos

Las cancelaciones se concentran en almacenes LME registrados en Estados Unidos y Asia, en zonas de libre comercio. El destino probable: la bolsa Comex o comerciantes dentro de EE. UU. En julio, más de 200.000 toneladas de cobre llegaron a puertos estadounidenses, el mayor flujo mensual en datos de IHS Markit desde 2014.

El diferencial entre Comex y LME llegó a rondar los $400 por tonelada según proyecciones de ING en junio. Ese spread premia a quien mueva metal hacia territorio estadounidense antes de que Washington active aranceles. Y ahí entra el segundo problema: el 30 de junio de 2026 era la fecha límite para que el Secretario de Comercio entregara su informe sobre el mercado doméstico de cobre, habilitando al Presidente a imponer un arancel gradual sobre cobre refinado.

Ese vacío regulatorio extiende la incertidumbre. Los operadores siguen desviando envíos hacia EE. UU. porque no saben cuándo caerá el martillo arancelario, pero asumen que caerá. Mientras tanto, las disrupciones mineras en Chile y el Congo reducen la oferta global disponible, y las fundidoras chinas enfrentan dificultades para asegurar materia prima, incrementando su necesidad de importaciones.

Precio cerca del récord, pero oferta no refleja expansión económica

El cobre cotiza a niveles históricamente elevados, pero este rally no diagnostica expansión global. La demanda de infraestructura de IA crece a ritmo acelerado —cada megavatio de data center puede necesitar hasta 150 toneladas de cobre—, pero la dinámica actual responde más a arbitraje tarifario y disrupciones de oferta que a un ciclo económico robusto.

Ole Hansen, estratega de commodities en Saxo Bank, indicó que las presiones de oferta de largo plazo persistirían incluso tras el vencimiento de contratos de agosto. La minera Zijin advirtió que inundaciones en su complejo Kamoa-Kakula en la República Democrática del Congo podrían reducir su participación de producción hasta 57.000 toneladas este año. Ivanhoe Mines, socio en el proyecto, ya recortó su guía para 2026.

Qué vigilan ahora los operadores

El mercado espera tres señales. Primera: cuándo anuncia Washington la decisión sobre aranceles al cobre refinado, si es que la anuncia. Cada semana de silencio alimenta más stockpiling en territorio estadounidense. Segunda: si las cancelaciones de warrants siguen subiendo o si la LME registra nuevas entradas que compensen las salidas. Tercera: datos de producción actualizados de las mineras afectadas por disrupciones climáticas y operativas en Chile, Congo y Papúa Nueva Guinea.

El precio del cobre puede retroceder en sesiones puntuales, pero mientras el metal siga fluyendo hacia EE. UU. y los warrants sigan cancelándose, el mercado físico global seguirá sin el alivio que las cifras de inventarios parecen prometer. Lo que está registrado en la LME ya no refleja lo que está realmente disponible. Y esa brecha, por ahora, no se cierra.