¿Cuánto margen le queda a Japón para seguir defendiendo el yen?

Andrés Valcárcel · Mercados Financieros · 2026-09-08

Tokio quemó $87.800 millones en Treasuries durante agosto pese a que Washington intervino precisamente para evitar esa venta. Las reservas tocan mínimos de cuatro años y el mercado empieza a hacer cuentas.

Las reservas extranjeras de Japón cayeron $79.600 millones en agosto y cerraron el mes en $1,207 billones, el nivel más bajo desde octubre de 2022. La caída de 6,18% es la más rápida desde que el Ministerio de Finanzas japonés empezó a llevar el registro en 2000, según datos publicados este lunes. Detrás del desplome: Tokio vendió $87.800 millones en valores extranjeros —predominantemente <abbr title="Bonos del Tesoro de Estados Unidos">Treasuries</abbr> estadounidenses— para financiar su intervención récord en el yen durante julio y agosto.

El dato encaja casi perfectamente con los ¥15,4 billones ($98.660 millones) que Japón gastó entre el 30 de julio y el 26 de agosto para frenar la caída de su moneda, la mayor operación de este tipo registrada en un solo mes. El yen había tocado 163,87 por dólar a mediados de julio; tras la intervención rebotó hasta 155,20 el 3 de agosto. Este lunes cerró en 154,34 y hoy martes cotiza a 39,45, con una caída de 0,67% frente al billete verde.

¿Cuánto margen le queda a Japón para seguir defendiendo el yen?

Récord histórico que agota el colchón

Japón lleva gastados ¥27,1 billones en intervención cambiaria en lo que va de 2026, superando el anterior máximo anual de ¥20,4 billones alcanzado en 2003. Es el cuarto mes consecutivo de caída en las reservas, y el ritmo de consumo plantea una pregunta concreta: ¿cuántas operaciones más puede costear el Ministerio de Finanzas sin poner en riesgo su capacidad de maniobra?

Los $1,207 billones actuales siguen siendo una cifra considerable en términos absolutos —Japón conserva la segunda mayor reserva del mundo tras China—, pero el declive de casi $80.000 millones en un mes es inédito. Masahiko Loo, estratega senior de renta fija en State Street Investment Management, lo resume: la caída es resultado directo de las intervenciones, con Japón vendiendo dólares y comprando yen.

La paradoja de Bessent: intervino para evitar la venta, pero Japón vendió igual

La intervención del yen de finales de julio no fue un acto solitario de Tokio. Fue la primera operación coordinada entre Estados Unidos y Japón para apuntalar el yen desde 1998. Una foto del bloc de notas del secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent, fechada el 31 de julio, mostraba la anotación manuscrita: «Buy Japanese Yen (JPY) $5-10 bil». La Fed vendió euros por yen, y la <abbr title="Facilidad de recompra para autoridades monetarias extranjeras del Tesoro estadounidense">FIMA Repo Facility</abbr> permitió a las autoridades japonesas pedir prestados dólares contra sus Treasuries en lugar de venderlos.

La lógica era clara: ayudar a Japón a estabilizar el yen sin que Tokio tuviera que liquidar bonos estadounidenses a gran escala, lo que habría presionado al alza los rendimientos en un momento en que la Fed enfrenta presión política para recortar tasas. Pero los datos del Ministerio de Finanzas muestran que Japón vendió Treasuries de todas formas: los holdings de valores extranjeros cayeron $87.800 millones en agosto, casi idéntico al monto de la intervención.

Washington quiso evitar presión adicional sobre los bonos del Tesoro; Tokio necesitaba liquidez inmediata. Al final, la necesidad de financiar la defensa del yen pesó más que la coordinación diplomática.

¿Cuánto margen le queda a Japón para seguir defendiendo el yen?

El mercado hace las cuentas

El <abbr title="Par de divisas dólar estadounidense contra yen japonés">USD/JPY</abbr> ha retrocedido desde los máximos de julio, pero sigue lejos de niveles cómodos para el Banco de Japón. Con las reservas en mínimos de cuatro años y el consumo de agosto en casi $88.000 millones, la capacidad de Tokio para repetir operaciones de esta magnitud empieza a verse limitada. Bessent declaró este lunes a CNBC que creía que el gobierno japonés y el BOJ tomarían medidas que llevarían a un yen más fuerte, pero no especificó cuáles ni con qué recursos.

Si el yen vuelve a debilitarse hacia 160 o más —un nivel que el mercado consideraba plausible hace apenas dos meses—, Japón enfrentará la misma disyuntiva: vender más Treasuries y agotar reservas, o dejar que el yen siga cayendo y asumir el impacto inflacionario de importaciones más caras. Ninguna de las dos opciones es cómoda.

Carry trade y presión estructural

El trasfondo de todo esto es el diferencial de tasas: la Fed mantiene los tipos en 3,50%-3,75%, mientras el Banco de Japón apenas empezó a salir de territorio negativo este año. Esa brecha hace del <abbr title="Estrategia que consiste en endeudarse en una moneda con tasa baja para invertir en activos con mayor rendimiento">carry trade</abbr> del yen una apuesta estructuralmente rentable: pedir prestado barato en yen para invertir en dólares o activos denominados en dólares.

La intervención de julio y agosto logró frenar la caída del yen, pero si los tipos de interés no convergen —y no hay señales claras de que vayan a hacerlo pronto—, el mercado volverá a vender yen. Las reservas pueden comprar tiempo, pero no cambian los fundamentos. Y ahora esas reservas son $80.000 millones más pequeñas que hace un mes.

El Nikkei 225 cerró hoy con una caída de 1,70%, reflejando en parte la incertidumbre sobre la capacidad del BOJ para estabilizar la divisa sin provocar efectos secundarios en bonos o en el costo de financiamiento corporativo. El yen más débil beneficia a exportadores japoneses, pero encarece insumos importados —particularmente energía— en un país que depende críticamente de combustibles fósiles traídos de fuera.

Tokio aún tiene margen para intervenir si las reservas se mantienen por encima del billón de dólares, pero la velocidad de agosto deja claro que ese margen no es infinito. Si el diferencial de tasas persiste y el yen vuelve a presionar hacia 160, el Ministerio de Finanzas tendrá que elegir entre quemar más Treasuries —con el disgusto de Washington— o aceptar un yen débil y sus consecuencias inflacionarias. Por ahora, la pregunta no es si Japón puede defender el yen, sino cuántas veces más puede hacerlo antes de que el colchón se agote.