Brookings advierte que Rusia y China acelerarán si ven a Trump de salida

· Geopolítica ·

Un analista sénior de la institución plantea que Moscú y Beijing podrían volverse más agresivas en los próximos dos años si concluyen que el presidente está políticamente debilitado tras perder ambas cámaras el martes.

Rusia y China podrían volverse más agresivas en los próximos dos años si concluyen que Donald Trump está políticamente debilitado y de salida, advirtió este miércoles Robert Kagan, analista sénior de la Brookings Institution. La advertencia llega un día después de que los demócratas arrasaran en las elecciones intermedias, arrebatándole al Partido Republicano el control de ambas cámaras del Congreso.

Kagan plantea que tanto Moscú como Beijing podrían interpretar la derrota electoral como una señal de que el mandatario estadounidense carece de margen político para confrontaciones mayores. "Si queda claro que Donald Trump está de salida, y Estados Unidos puede estar retornando a algo así como normalidad, ambos podrían sentir que el momento para actuar es en los próximos dos años", afirmó el analista en declaraciones a CNBC.

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La paliza del martes cambia el tablero

Los demócratas tomaron el control del Senado el martes por la noche al voltear al menos siete escaños, alcanzando 54 senadores, suficientes para la mayoría. Texas, Kansas y Carolina del Sur eligieron sus primeros senadores demócratas en décadas; el partido también volteó escaños en Ohio, Iowa, Carolina del Norte y Maine. Trump termina el ciclo con una aprobación del 38%, históricamente baja para un presidente en elecciones intermedias.

El 89% de los votantes citó el costo de vida como factor crucial en su decisión, pero el vicepresidente JD Vance atribuyó las pérdidas republicanas directamente a la guerra con Irán. Esa lectura interna del equipo de Trump coincide con la tesis de Brookings: un presidente que evita enfrentamientos mayores por temor a más desgaste político es precisamente el tipo de señal que invita a pruebas de fuerza externas.

China, el flanco más vulnerable

Kagan es especialmente contundente sobre el flanco chino. "El único interés de Trump ahora es cerrar acuerdos económicos con China. No creo que tenga interés real en enfrentarse a China, pero eso llevará a China a ser aún más agresiva", señaló el analista. La afirmación se apoya en precedentes recientes: en diciembre, Trump aprobó un paquete de defensa de $11.000 millones para Taiwán, pero retuvo posteriormente otro de aproximadamente $14.000 millones, llamándolo explícitamente un "chip de negociación" en conversaciones con Beijing.

Ese episodio dejó claro que Trump prioriza acuerdos transaccionales sobre compromisos estratégicos firmes, incluso en un tema tan sensible como la defensa de Taiwán. Para Beijing, ese patrón no es debilidad diplomática: es una invitación a probar hasta dónde puede llegar sin desencadenar una respuesta militar estadounidense.

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Cautela oficial, cálculo estratégico detrás

Las reacciones oficiales de Moscú y Beijing tras las elecciones del martes fueron calculadamente neutras. El viceministro ruso de Relaciones Exteriores Sergey Ryabkov destacó la necesidad de esperar resultados finales, pero advirtió que los líderes demócratas tienen un enfoque "negativamente agudo" hacia Rusia. El portavoz del Kremlin Dmitry Peskov manifestó que Moscú espera que los resultados no afecten los "esfuerzos de paz" de Trump.

Desde Beijing, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores Mao Ning se limitó a afirmar que China continuará su "relación estratégica constructiva" con Estados Unidos, subrayando que las elecciones estadounidenses son un "asunto interno". La moderación del lenguaje contrasta con lo que analistas como Kagan identifican como el cálculo real: una evaluación en tiempo real de cuánto margen de acción tienen Putin y Xi antes de que Trump deje el poder.

Shenzhen, la primera prueba

La cumbre <abbr title="Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico">APEC</abbr> en Shenzhen, programada para el 18 y 19 de noviembre, será el primer encuentro trilateral entre Xi, Putin y Trump tras las elecciones intermedias. China confirmó la preparación de lo que sería una cumbre histórica entre los tres líderes, apenas dos semanas después de que Trump perdiera ambas cámaras del Congreso.

El timing de esa cumbre no es casual. Cae justo en el momento en que tanto Xi como Putin necesitan medir directamente el margen de maniobra real de Trump: qué puede ofrecer, qué puede cumplir y, sobre todo, qué está dispuesto a ceder para evitar crisis que erosionen aún más su capital político doméstico.

Un presidente sin respaldo para confrontar

Brookings anticipa que Trump "probablemente lance golpes en direcciones donde no teme represalias mientras evita confrontación directa con potencias mayores, notablemente China y Rusia, en sus últimos dos años de mandato". Esa lectura coincide con el patrón de los últimos meses: disposición a negociar con Moscú sobre Ucrania, retención de ayuda militar a Taiwán como moneda de cambio y retórica dura contra Irán que no se ha traducido en acción militar sostenida.

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El riesgo que identifica Kagan no es que Trump busque el conflicto, sino exactamente lo contrario: que su necesidad de acuerdos rápidos y visibles para recuperar algo de capital político lo convierta en un negociador predecible y vulnerable. Para Rusia y China, esa ventana de dos años no es una oportunidad para declarar la guerra, sino para consolidar posiciones —territoriales, económicas, militares— que serían mucho más costosas de revertir bajo una administración futura con respaldo congresional.

La cumbre de Shenzhen dirá si esa lectura es correcta. Si Xi y Putin salen de allí con concesiones sustanciales de Trump en Taiwán, Ucrania o comercio, la ventana de oportunidad que describe Brookings dejará de ser una advertencia para convertirse en una realidad operativa.