CLARITY Act fracasó en el Senado pero Kennedy y Cruz dejan abierta ventana lame-duck

Patricia López · Regulación Cripto · 2026-09-16

Adrian Wall, de Digital Sovereignty Alliance, afirma que senadores de ambos partidos discuten un segundo intento antes de enero. La ventana es estrecha: entre elecciones y proyectos de gasto obligatorios.

El CLARITY Act no está definitivamente muerto. Adrian Wall, Managing Director de Digital Sovereignty Alliance, afirmó este miércoles que senadores de ambos partidos están considerando un segundo intento para aprobar el proyecto regulatorio durante la sesión <abbr title="Período legislativo entre las elecciones de noviembre y la toma de posesión del nuevo Congreso en enero">lame-duck</abbr> que arranca después de las elecciones del 3 de noviembre. La declaración llega 24 horas después de que el proyecto fracasara en votación procedural con 49 votos a favor y 50 en contra, once por debajo del umbral necesario.

Wall no dio nombres concretos ni confirmó si existe compromiso formal, pero su organización mantiene contacto directo con el liderazgo del Senado. La Digital Sovereignty Alliance es una entidad sin fines de lucro que aboga por políticas cripto en EE.UU. y que recibe financiamiento de TRON DAO, el vehículo de Justin Sun para impulsar regulación favorable en Washington.

CLARITY Act fracasó en el Senado pero Kennedy y Cruz dejan abierta ventana lame-duck

Kennedy y Cruz mantienen la puerta entreabierta

Dos republicanos clave dejaron señales tras el rechazo del martes. El senador John Kennedy (R-Louisiana) sugirió que cualquier nuevo intento tendría que esperar precisamente a la sesión lame-duck. Ted Cruz (R-Texas) fue más críptico pero igual de claro: «Hay una gran diferencia entre muerto y mayormente muerto». Ambos votaron a favor del proyecto el martes.

La senadora Cynthia Lummis (R-Wyoming), principal impulsora republicana del CLARITY Act, dio la respuesta opuesta. Cuando se le preguntó si el proyecto regresaría al piso del Senado antes de fin de año, contestó un escueto «no». Lummis culpó a los demócratas del fracaso, señalando que más de un año de negociaciones se rompieron en el último momento por desacuerdos sobre las cláusulas de ética que afectaban al presidente Trump.

Una ventana estrecha entre campañas y presupuesto

El nuevo Congreso (el 120°) asume el 3 de enero de 2027. Entre esa fecha y las elecciones del 3 de noviembre, el Congreso saliente tiene autoridad para legislar pero calendario limitado. Históricamente, las sesiones lame-duck se dedican a aprobar el presupuesto federal y confirmar nombramientos judiciales pendientes. Introducir un proyecto de 630 páginas con división bipartidista no es lo habitual.

El calendario no ayuda. Si el Senado abandona Washington en las dos últimas semanas de septiembre —como suele hacer antes de las elecciones de medio término—, el proyecto ni siquiera podrá discutirse hasta después del 3 de noviembre. Y en ese momento los senadores que votaron en contra el martes ya sabrán si ganaron o perdieron sus escaños, lo que puede cambiar los incentivos para negociar.

CLARITY Act fracasó en el Senado pero Kennedy y Cruz dejan abierta ventana lame-duck

Mientras tanto, la SEC y la CFTC avanzan por su cuenta

El rechazo del martes dejó intacto el vacío regulatorio que el CLARITY Act pretendía resolver. Pero la SEC y la CFTC no esperan al Congreso: ambas agencias avanzan en regulaciones bajo autoridad existente de la <abbr title="Ley de Intercambio de Commodities, marco que da a la CFTC autoridad sobre derivados">Commodity Exchange Act</abbr> y las leyes de valores vigentes. La CFTC publicó un borrador sobre mercado spot en agosto; la SEC mantiene activas docenas de investigaciones sobre <abbr title="Oferta Inicial de Monedas, método de recaudación cripto considerado emisión de valores por la SEC">ICO</abbr> y exchanges no registrados.

Traducido: si el Congreso no legisla en lame-duck ni en 2027, la industria cripto obtendrá de todas formas un marco regulatorio —solo que diseñado por reguladores, no por legisladores, y potencialmente más restrictivo. Ese riesgo es precisamente lo que debería motivar a demócratas y republicanos a buscar un compromiso. La pregunta es si seis semanas entre elecciones y Navidad alcanzan para reabrir negociaciones que ya fracasaron una vez.