Abel dobla la apuesta en Bending Spoons y suma $930M en giro tech
María González · Empresas y Resultados ·
Berkshire acumula casi mil millones de dólares en la firma italiana de software desde julio. El movimiento marca un cambio táctico bajo Greg Abel, alejándose del conservadurismo tecnológico de Buffett hacia operadores digitales disciplinados.
Berkshire Hathaway acumula $930 millones invertidos en Bending Spoons, la firma italiana de aplicaciones móviles que salió a bolsa en julio. La cifra combina $600 millones en el <abbr title="Oferta pública inicial de acciones">IPO</abbr> de verano y $330 millones adicionales en una colocación privada revelada el pasado 14 de octubre. El movimiento marca un giro táctico bajo el liderazgo de Greg Abel, quien asumió como CEO en enero de 2026, alejándose del histórico rechazo de Warren Buffett al software hacia operadores digitales con disciplina de capital.
De $600M a $930M en tres meses
La primera inversión llegó cuando Bending Spoons debutó en julio a $40,5 por acción. Berkshire entró con $600 millones, validando un modelo de negocio centrado en adquirir aplicaciones móviles, optimizarlas y expandir márgenes. Tres meses después, como ya publicamos, Abel autorizó una segunda inyección de $330 millones a $33 por acción en colocación privada, aproximadamente 13% por debajo del cierre del día anterior en mercado abierto.
La ganancia en papel de Berkshire alcanzó cerca del 80% al 15 de octubre, según cálculos de Morningstar, aunque la volatilidad posterior recorta ese margen. El conglomerado mantiene una participación cercana al 4% de Bending Spoons tras acumular ambas inversiones.

Un operador digital poco habitual en el portfolio de Omaha
Bending Spoons no encaja en el molde clásico de Berkshire. Fundada en 2013 en Italia, la firma aplica un modelo <abbr title="Estrategia de crecimiento mediante adquisiciones sucesivas de empresas del mismo sector">roll-up</abbr> disciplinado: compra negocios digitales, implementa transformaciones operacionales profundas y reinvierte las ganancias en nuevas adquisiciones. Desde 2023 ha gastado cerca de $6.000 millones en 15 operaciones, cada una sujeta a un hurdle interno de 25% de retorno anual sin deuda y 65% con deuda.
Los ingresos crecieron de $387 millones en 2023 a $1.310 millones en 2025, aunque ese salto está impulsado principalmente por adquisiciones, no por crecimiento orgánico. Al cierre del segundo trimestre de 2026, la firma reportaba deuda neta de $4.100 millones, un <abbr title="Relación entre deuda neta y EBITDA, mide cuántas veces el flujo de caja operativo cubre la deuda">leverage</abbr> de 2,4 veces, y gastos de intereses que triplicaron hasta $109 millones. Dos de sus productos principales, Remini y Splice, registraron caídas de ingresos en trimestres recientes.
| Período | Ingresos (millones) | Deuda neta (millones) | Leverage | Gastos intereses (millones) |
|---|---|---|---|---|
| 2023 | $387 | N/D | N/D | N/D |
| 2025 | $1.310 | N/D | N/D | N/D |
| Q2 2026 | N/D | $4.100 | 2,4x | $109 |
El acuerdo a $33 por acción implica una valoración cercana a 10 veces ventas forward y alrededor de 30 veces ganancias estimadas para 2027, según el análisis de Morningstar. Múltiplos elevados para una firma cuyo crecimiento orgánico ronda el 3% y que depende de la ejecución continua de su pipeline de adquisiciones.
Abel reconfigura Berkshire hacia tecnología disciplinada
El respaldo a Bending Spoons es una pieza más del giro estratégico que Abel viene implementando desde que asumió. Desde enero de 2026, Berkshire ha invertido entre $25.000 y $30.000 millones adicionales en Alphabet, adquirió Taylor Morrison por $8.500 millones, agregó $1.800 millones en Lennar y, tras 14 trimestres de ventas netas, volvió a desplegar capital de forma agresiva en el segundo trimestre.
Gregory Warren, analista de Morningstar, calificó el movimiento como «señal de que Berkshire finalmente sale de su zona de confort para encontrar lugares donde desplegar capital». La frase resume el dilema de un conglomerado que cerró el segundo trimestre con $365.500 millones en efectivo y que durante años mantuvo una postura defensiva ante la falta de oportunidades atractivas.

Validación mutua, pero con riesgo de ejecución
Luca Ferrari, CEO y cofundador de Bending Spoons, declaró tras el anuncio que «Berkshire Hathaway ha sido durante décadas uno de los asignadores de capital más respetados, inspiración duradera para Bending Spoons». Francesco Patarnello, cofundador y jefe de adquisiciones, añadió que «la inversión de Berkshire refleja confianza en nuestro equipo y plataforma, mejorando nuestra flexibilidad financiera y capacidad de perseguir adquisiciones atractivas».
El lenguaje es el esperado, pero la estructura financiera de Bending Spoons plantea interrogantes. Con leverage de 2,4 veces y gastos de intereses que triplicaron en un año, cualquier desaceleración en la ejecución de adquisiciones o un entorno de tipos elevados —el bono a 10 años cotiza hoy en 5,098%— podría comprimir márgenes y dificultar el cumplimiento de sus hurdles internos de retorno. Dos productos ya muestran declive de ingresos, y el crecimiento orgánico del 3% no justifica por sí solo los múltiplos actuales.
La clase B de Berkshire cerró ayer en $532,02, con una ganancia del 1,21% en la sesión. La clase A opera sin cambios en $798.000, dentro del rango de 52 semanas que va de $698.000 a $806.102. Bending Spoons, por su parte, cotiza hoy a $47,07, recortando parte de las ganancias acumuladas tras el anuncio del 14 de octubre, cuando cerró con un salto del 41%.
Un compounding diferente
La apuesta de Abel en Bending Spoons no es especulativa en el sentido clásico, pero tampoco es el value investing puro que definió a Berkshire durante décadas. Es una apuesta a la disciplina operacional de un equipo que compra activos digitales con márgenes bajos, los optimiza y busca retornos compuestos mediante adquisiciones sucesivas. El modelo funciona mientras la ejecución sea impecable y el acceso a capital barato se mantenga. Cualquiera de esas dos variables puede cambiar.
La segunda inyección de capital, apenas tres meses después del IPO, refuerza la señal de confianza de largo plazo. Berkshire no suele entrar y salir; cuando apuesta, lo hace con horizonte de años. Pero esta vez el activo subyacente no es un ferrocarril ni una aseguradora con 100 años de historial: es un operador digital italiano con 13 años de vida, más de 50 adquisiciones completadas y un pipeline que depende de seguir ejecutando sin margen de error.