Intel crece en data center pero admite que no puede fabricar lo suficiente
María González · Empresas y Resultados · 2026-10-03
La división DCAI alcanzó $6.300 millones en Q2 con un alza del 59% interanual, impulsada por inferencia y CPUs densas. Pero la restricción de suministro persiste y Terafab es la apuesta para salir del foundry negativo.
La división Data Center and AI (DCAI) de Intel alcanzó $6.300 millones en el segundo trimestre fiscal de 2026, un 59% más que el mismo periodo del año anterior, según el 8-K presentado a la SEC en agosto. El impulso provino de la demanda de hiperscalers en procesadores de inferencia y arquitecturas CPU-densas. Pero el dato que no aparece en los titulares es otro: la demanda de mercado supera el suministro disponible, y la compañía espera que las restricciones continúen hasta 2027.
ASP arriba, volumen arriba, pero el techo está ahí
El ASP (precio promedio de venta) de servidores subió 48% en Q2 2026 y 38% en lo que va del año, mientras que el volumen de unidades creció 9% frente al segundo trimestre de 2025. Los ASICs (silicio de propósito específico) sumaron $304 millones más que en el trimestre anterior. Son números que validan el giro hacia IA y confirman que los clientes están comprando.
Pero esa misma validación expone el límite operativo de Intel: si el ASP sube casi 50% en un trimestre, no es solo porque el producto valga más; es porque hay escasez. Cuando la oferta no alcanza, el precio sube. Intel espera mejora de suministro hacia fin de Q3 2026 e inicio de Q4 2026, lo que significa que durante buena parte del año la compañía no pudo servir toda la demanda que tenía enfrente.

Terafab: de $291M de foundry a un contrato de décadas
El foundry de Intel llevaba años en pérdidas. En agosto publicamos que la división registró apenas $291 millones en ingresos externos durante el primer trimestre de 2026, mayormente trabajo legacy, mientras acumulaba pérdidas operativas de $2.400 millones. El mercado no creía en la historia del foundry porque no había clientes grandes ni contratos que justificaran el <abbr title="Inversión de capital en infraestructura y equipamiento">capex</abbr> brutal que Intel estaba quemando.
Eso cambió el 7 de abril de 2026, cuando Intel anunció su rol como foundry principal de Terafab, el proyecto conjunto con Tesla, SpaceX y xAI. La facility está diseñada para 100 millones de pies cuadrados bajo un mismo techo —litografía, fabricación, integración de memoria y <abbr title="Empaquetado avanzado que apila múltiples chips en un solo módulo">advanced packaging</abbr>— con el objetivo de producir 1 terawatt de compute al año. La inversión inicial supera los $16.800 millones y la ubicación se confirmó en agosto: Grimes County, Texas.
- ~20% de capacidad asignada a edge inference para Tesla Full Self-Driving, Cybercab y Optimus.
- 80% de capacidad destinada al chip D3 radiation-hardened para satélites de SpaceX.
- Intel aporta tecnología de proceso 14A y advanced packaging; no capital directo.
- Construcción prevista entre 2026 y 2028, con producción a escala completa hacia finales de la década.
Para el foundry, Terafab es credibilidad. Es la prueba de que un cliente del tamaño de Elon Musk confía en la capacidad de Intel para fabricar chips complejos fuera de Asia. Y es también el ancla financiera que necesitaba: pasar de ingresos externos marginales a un contrato de décadas con volumen garantizado.

Capex insostenible sin ROI visible a corto plazo
Intel espera un capex superior a $20.000 millones en el año fiscal 2026, y la guía para 2027 anticipa que será aún más alto. Ese nivel de inversión es insostenible si el foundry no genera retorno antes de que el flujo de caja se erosione. Terafab no empieza a producir a escala hasta 2028; mientras tanto, Intel sigue quemando capital en infraestructura que aún no monetiza.
La apuesta es clara: si Terafab cumple el calendario y Tesla, SpaceX y xAI mantienen la demanda proyectada, el foundry pasa de ser un lastre a un motor de ingresos recurrentes de largo plazo. Si se retrasa, si los costos suben o si los clientes recortan volumen, Intel vuelve al mismo dilema que tuvo durante años: capex alto, márgenes comprimidos y un foundry que destruye valor en vez de crearlo.
Los partnerships que sostienen la narrativa
SoftBank completó una inversión de $2.000 millones en septiembre de 2025, convirtiéndose en uno de los diez principales accionistas de Intel. Nvidia anunció en el mismo mes una colaboración para desarrollar múltiples generaciones de productos custom para data center y PC. El gobierno de EE.UU. desembolsó $5.700 millones en subsidios del CHIPS Act en septiembre de 2025 y mantiene una participación accionaria del 10%.
Esos movimientos no son casuales. Intel necesitaba capital, credibilidad técnica y validación estratégica para sostener el giro hacia foundry y <abbr title="Inteligencia artificial">IA</abbr>. SoftBank puso dinero, Nvidia puso demanda futura, y Washington puso respaldo industrial. El resultado es una estructura de soporte que reduce el riesgo de ejecución a corto plazo, pero no elimina el riesgo de retorno: si el foundry no genera márgenes positivos en los próximos dos años, esos mismos socios empezarán a cuestionar la apuesta.
El precio refleja expectativa, no certeza
Intel cerró el viernes 2 de octubre en $119.33, con una caída del 0.56% en la sesión. En el último año, la acción subió 219.92%, pasando de mínimos de $32.89 en las 52 semanas previas a un máximo de $142.35. Actualmente cotiza un 15.33% por debajo de ese techo.
En mayo publicamos que, tras una subida del 114% en 30 días, el consenso de 32 analistas daba un target promedio 34% más bajo que el precio de mercado. Cinco meses después, la acción ha consolidado por encima de $100 pero sigue sin convencer al consenso de Wall Street. La valoración forward implícita es alta, el múltiplo de ingresos está comprimido frente a pares, y el <abbr title="Relación entre precio y beneficio futuro esperado">forward P/E</abbr> sigue siendo uno de los más altos del sector.
El mercado está comprando la narrativa de recuperación en DCAI y la promesa de Terafab. Pero no está comprando certeza de ejecución. Esa diferencia se refleja en la distancia entre precio actual y targets de analistas, y en la volatilidad que la acción mantiene cada vez que Intel reporta o anuncia algo relacionado con el foundry.
Intel recuperó ingresos en data center, sumó partnerships estratégicos y cerró el contrato de foundry más grande de su historia. Pero sigue sin poder fabricar todo lo que le piden, sigue quemando más de $20.000 millones al año en capex, y sigue dependiendo de que Terafab cumpla tiempos y volúmenes proyectados entre 2027 y 2028. El comeback es real en los números de DCAI. El riesgo también.