27 días consecutivos sobre el 5% marcan la peor racha del bono a 30 años desde 2007

Andrés Valcárcel · Mercados Financieros · 2026-08-06

El rendimiento del Treasury largo cerró el miércoles en 5,17% tras su período más prolongado por encima del umbral clave en casi dos décadas. Japón amenaza con liquidar parte de su billón de dólares en deuda estadounidense mientras Bessent y Warsh presionan desde ambos flancos.

El rendimiento del Treasury a 30 años cerró el miércoles 5 de agosto en 5,17%, completando 27 días consecutivos por encima del 5%, el período más prolongado desde 2007. Este jueves el bono operaba en 5,189% tras tocar un máximo intradía de 5,185%, manteniendo una presión alcista que combina necesidades de financiación récord del Tesoro con el riesgo de que Japón, el mayor acreedor extranjero de Estados Unidos, se convierta en vendedor forzado de su cartera de más de 1,1 billones de dólares en deuda estadounidense.

El doble golpe: política fiscal y monetaria en choque

El secretario del Tesoro Scott Bessent autorizó la primera intervención coordinada con Japón en casi tres décadas para defender el yen (31 de julio-3 de agosto), vendiendo euros de las reservas internacionales para comprar yenes en un operativo estimado entre $60.000 y $80.000 millones combinando ambas naciones. Al mismo tiempo, el presidente de la Fed Kevin Warsh mantiene tipos altos y rechaza orientación futura, forzando al mercado a descontar tasas restrictivas por más tiempo.

La combinación genera presión desde dos flancos: Bessent necesita colocar $739.000 millones en deuda nueva solo en el trimestre julio-septiembre (anunciado el lunes 3 de agosto), cifra $87.000 millones superior a la proyección de mayo por menores flujos de caja esperados. Warsh, por su parte, deja los costos de financiación altos justo cuando el Tesoro debe competir por liquidez. Para el cuarto trimestre se proyecta endeudamiento adicional de $628.000 millones.

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Japón atrapado: defender el yen vendiendo Treasuries

El yen operaba este jueves en 158,39 por dólar (+0,41%), lejos aún del nivel de 157 alcanzado tras la intervención coordinada del viernes pasado. Antes de la acción conjunta, el par USD/JPY había tocado 162,80, cerca de su máximo de 40 años en 163,98. La intervención compró tiempo pero no resolvió el problema estructural: mientras los rendimientos de los bonos del gobierno japonés (JGB) a 10 años alcanzaron 2,73%, su nivel más alto desde mayo de 1997, Tokio enfrenta la tentación de repatriar capital.

Bessent propone una salida: expandir la Facilidad FIMA Repo de la Fed para que Japón pueda recaudar dólares temporalmente sin liquidar bonos en el mercado abierto. El problema: cualquier expansión de FIMA requiere aprobación de Warsh, quien hasta ahora ha resistido presiones para suavizar política o ampliar herramientas de liquidez. El discurso de Warsh en Jackson Hole a finales de agosto será la primera señal pública de su postura ante este conflicto.

Por qué los rendimientos largos no ceden

El bono a 30 años funciona como termómetro del apetito por deuda de largo plazo. Su persistencia por encima del 5% durante casi un mes refleja que el mercado descuenta una combinación tóxica: oferta creciente de deuda (el Tesoro emite más), demanda menguante (Japón vende, China redujo posiciones) y tipos de la Fed que no bajarán pronto. El viernes 31 de julio el rendimiento tocó 5,265%, máximo desde 2007, antes de retroceder parcialmente.

La última vez que Estados Unidos y Japón intervinieron de forma coordinada para comprar yen fue en 1998, durante la crisis financiera asiática. En aquella ocasión, el contexto macro era inverso: la Fed recortaba tipos y el Tesoro emitía mucho menos deuda. Hoy el Tesoro compite por capital con déficits estructurales mientras la Fed mantiene restricción. El mercado lee esa combinación como inflacionaria o, en el peor caso, como señal de estanflación si el crecimiento flaquea.

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Implicaciones para el mercado

Bessent describió el enfoque de Warsh como una «desintoxicación» para los mercados en declaraciones a CNBC el martes. La metáfora es reveladora: el Tesoro asume que el mercado se acostumbró a liquidez barata y tipos bajos, y que el ajuste actual es necesario aunque doloroso. Pero esa desintoxicación tiene un costo directo: cada punto básico adicional en el rendimiento del bono a 30 años encarece hipotecas, financiación corporativa y el propio servicio de la deuda federal.

Para quien opera bonos o posiciones sensibles a tasas largas, la combinación Bessent-Warsh implica volatilidad sostenida. La intervención en yenes estabilizó el USD/JPY temporalmente, pero si Japón necesita repetir operaciones de defensa de su moneda y el BOJ no sube tipos en serio, el círculo vicioso continuará: más ventas de Treasuries para financiar intervención, más presión alcista en rendimientos, más costo de endeudamiento para Estados Unidos y menos margen fiscal para Bessent. El mercado ya descuenta que la estabilidad del viernes fue efímera.