Tesoro al 4,48%: el mercado teme estanflación y descarta recortes de la Fed
Lucas Montero · Mercados Financieros · 2026-03-31
El bono estadounidense a 10 años alcanzó su máximo desde julio de 2025 el viernes. La paradoja: en crisis geopolítica, los bonos suben de rendimiento porque el mercado descuenta petróleo caro más recesión—no deflación.
El Tesoro estadounidense a 10 años tocó el 4,48% en la sesión del viernes 28 de marzo, su nivel más alto desde julio de 2025, antes de retroceder al cierre a 4,42%. Pero aquí viene lo contraintuitivo: en medio de una crisis geopolítica que mantiene cerrado el estrecho de Ormuz y dispara el petróleo, los bonos suben de rendimiento en lugar de bajar. El mercado no busca refugio en <abbr title="Títulos de deuda pública considerados activos seguros en tiempos de incertidumbre">renta fija</abbr> porque no teme deflación — teme <abbr title="Escenario económico donde coexisten inflación alta y crecimiento estancado o negativo">estanflación</abbr>.
El petróleo Brent cerró ese mismo día en $112,57 por barril, con una subida de $4,56 (+4,22%) respecto al cierre anterior de $108,01. Por el estrecho de Ormuz transitan 20 millones de barriles diarios, el 20% del consumo mundial, y la Guardia Revolucionaria iraní mantiene el paso bloqueado desde el 28 de febrero tras los ataques de Estados Unidos e Israel que terminaron con la vida del líder supremo Alí Jameneí.

La paradoja del refugio que no refugia
En crisis tradicionales (2008, 2020, incluso marzo de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania), los inversores huyen hacia bonos del Tesoro: suben precios, bajan rendimientos. Es el flight to safety clásico. Pero esta vez el guion se rompió. Jim Reid, jefe de investigación macroeconómica global de Deutsche Bank, lo resumió el 24 de marzo: «Todavía no hay señales de que el conflicto vaya a terminar de forma clara, y dados los distintos titulares, los inversores siguen temiendo una nueva escalada».
Solo que ahora el miedo no empuja hacia la renta fija. La Agencia de Inteligencia de Defensa estadounidense estima que Irán podría mantener Ormuz cerrado entre uno y seis meses. Tiempo suficiente para anclar expectativas de inflación. El Brent ya subió más del 50% en lo que va de marzo; el crudo WTI tocó máximos de 2022. Y el mercado sabe que una escalada energética prolongada no genera caída de demanda agregada (deflación), sino presión de costes (inflación) mientras la economía se frena.
La Fed revisa al alza la inflación y el mercado le cree poco
En su última comunicación del 18 de marzo, la Reserva Federal elevó su previsión de inflación para 2026 al 2,7% desde el 2,4% proyectado previamente. El índice subyacente también fue revisado al alza hasta el mismo nivel. Jerome Powell fue explícito: «Para reanudar la bajada de las tasas, los responsables tendrían que observar avances en la reducción de la inflación, especialmente la de los bienes. Si no vemos esos avances, no habrá recorte de tasas».
- Proyección oficial de la Fed: un recorte de 25 puntos básicos en 2026.
- Lo que descuenta el mercado de futuros: apenas un recorte de 25 pb para todo el año, con probabilidad del 52% de que la Fed suba tipos para finales de 2026 (dato al 27 de marzo, CME FedWatch).
- Hace una semana: esa probabilidad rondaba el 35%. En siete días, el mercado reajustó expectativas porque el petróleo no cede y Ormuz sigue cerrado.
Los 46 economistas encuestados por Bloomberg entre el 6 y el 11 de marzo prevén un ritmo de recortes más rápido que el que reflejan los futuros. Pero esa encuesta se hizo antes de que el Brent superara $110 y antes de que la Fed revisara al alza su proyección de inflación. El divorcio entre expectativas oficiales y mercado se amplía.

Estanflación, no deflación: el escenario que nadie quiere nombrar
El término vuelve después de décadas en el cajón. Dina Esfandiary, responsable para Medio Oriente en Bloomberg Economics, explicó el 28 de marzo que «Irán se ha visto un tanto sorprendido por el éxito de su estrategia (en Ormuz); por lo barato y comparativamente sencillo que resulta mantener como rehén a la economía mundial». La advertencia es clara: este bloqueo puede repetirse. Y si Irán descubrió que controlar 34 kilómetros de estrecho le da un arma económica estructural, el riesgo deja de ser coyuntural.
A diferencia de 2008, cuando la demanda se derrumbó, o de 2020, cuando el mundo se cerró y la oferta desapareció pero la inflación tardó meses en llegar, ahora el choque es simultáneo: oferta energética restringida más señales de desaceleración económica. El Tesoro a 2 años subió casi 60 puntos básicos en las últimas semanas, reflejando expectativas de tipos más altos por más tiempo. El oro, refugio clásico, cayó más del 14% en un mes (como ya publicamos el 23 de marzo). El dólar gana.
¿Hasta cuándo dura el bloqueo?
El Pentágono baraja escenarios de cierre hasta junio, con una probabilidad asignada del 40% si Ormuz permanece bloqueado. En ese caso, el déficit de crudo podría alcanzar los 11 millones de barriles diarios, empujando el Brent hacia los $200, según análisis publicados la semana pasada. Mediados de abril se marca como fecha crítica: si para entonces no hay reapertura, el impacto en cadenas de suministro globales será irreversible a corto plazo.
La curva de futuros del petróleo ya refleja escasez estructural, no puntual. Y mientras tanto, el Tesoro sigue subiendo de rendimiento. El yield del bono a 10 años está ahora 106 puntos básicos por encima del mínimo de diciembre pasado. Eso encarece financiación corporativa, hipotecas y deuda pública. Presión adicional sobre una economía que ya venía frenando.

Lo que viene
Si el mercado tiene razón y la Fed no recorta (o incluso sube tipos en el segundo semestre), el carry trade en dólares cobra sentido: tipos altos más divisa fuerte. Pero para quien opera renta fija, el escenario es el opuesto al de los últimos dos años. Los bonos largos pierden valor si los rendimientos siguen subiendo. Y con inflación en 2,7% proyectada (antes de contar el impacto pleno de Ormuz), el <abbr title="Rendimiento ajustado por inflación de un bono">rendimiento real</abbr> sigue comprimido.
El dato del viernes lo dejó claro: 4,48% en el Tesoro a 10 años no es refugio, es señal de alarma. El mercado descuenta que la inflación vuelve y que Powell no tiene margen de maniobra. Quien esperaba recortes agresivos en 2026 ya reajustó carteras. Ahora toca vigilar Ormuz, porque cada semana de bloqueo añade presión al escenario base de la Fed. Y si Irán decide monetizar el estrecho en vez de reabrirlo, como sugiere Esfandiary, esto deja de ser crisis puntual y pasa a ser la nueva normalidad. Una normalidad cara, lenta y sin recortes a la vista.