El FMI recorta el crecimiento mundial a 3,1% por la guerra de Irán
Lucas Montero · Política Monetaria · 2026-04-14
El Fondo publica hoy sus previsiones para 2026 y advierte riesgo de recesión si el petróleo sigue alto. La inflación sube a 4,4% mientras el crecimiento baja dos décimas. Gourinchas: «La guerra detuvo el impulso económico».
El Fondo Monetario Internacional publicó hoy sus previsiones de primavera y recortó el crecimiento global de 2026 de 3,3% a 3,1%, dos décimas menos que lo proyectado en enero. Al mismo tiempo, la <abbr title="Índice de Precios al Consumidor, mide la variación de precios de bienes y servicios">inflación</abbr> sube seis décimas hasta 4,4%, por encima del 4,1% de 2025 y del 3,8% que el propio FMI esperaba hace tres meses. La causa: la guerra en Oriente Próximo y el cierre del Estrecho de Ormuz han frenado en seco el impulso económico que parecía consolidarse a principios de año.
Pierre-Olivier Gourinchas, economista jefe del FMI, escribió en el blog de la institución que «la guerra en Oriente Próximo ha detenido el impulso económico». La frase no es retórica: sin el conflicto, el Fondo planeaba mejorar la previsión de crecimiento para 2026 a 3,4%, impulsado por el boom tecnológico, la reducción de tensiones comerciales y mercados financieros boyantes a finales de 2025. En lugar de eso, la guerra le restó directamente 0,3 puntos porcentuales al <abbr title="Producto Interno Bruto, mide el valor total de bienes y servicios producidos en una economía">PIB</abbr> mundial.
El giro de 180 grados que nadie vio venir
A principios de febrero, antes de los ataques aéreos del 28 de febrero contra Irán, el consenso apuntaba a un año de consolidación moderada. El FMI tenía sobre la mesa una revisión al alza. La narrativa era clara: la economía global había sorteado la crisis inflacionaria de 2022-2023, los bancos centrales empezaban a recortar tipos y el ciclo de inversión en inteligencia artificial prometía impulso adicional. El crecimiento de 2025 cerró en 3,4%, y todo apuntaba a que 2026 sostendría ese ritmo o lo mejoraría ligeramente.
El conflicto estalló. Irán cerró el Estrecho de Ormuz en represalia, Trump impuso un bloqueo naval el lunes 13 de abril tras el colapso de negociaciones durante el fin de semana, y el <abbr title="Petróleo crudo de referencia en Europa y mercados internacionales">Brent</abbr> pasó de cotizar en torno a los 60 dólares el barril en enero (pronóstico de JPMorgan pre-guerra) a un promedio de 103 dólares en marzo y un pico de 128 dólares el 2 de abril. El viernes pasado cerró en $103,72. La Agencia Internacional de Energía calificó el cierre de Ormuz como el mayor de la historia del mercado petrolero mundial: entre el 20% y 30% del suministro global fluye por ese estrecho.

Los escenarios si el petróleo no baja
El FMI construyó su previsión base asumiendo que el conflicto se contiene y que los precios de productos básicos energéticos suben 19% en 2026 (incluyendo +21% en petróleo). Eso ya está incorporado en el 3,1% de crecimiento. Pero el informe incluye dos escenarios alternativos que pintan un panorama más oscuro si la situación no se estabiliza.
- Escenario adverso: petróleo en torno a $100/barril de forma sostenida. Crecimiento global cae a 2,5%, inflación sube a 5,4%. Ese escenario implica <abbr title="Combinación de estancamiento económico e inflación alta">estanflación</abbr> suave pero clara: la economía se frena mientras los precios se aceleran.
- Escenario severo: crecimiento cae 1,3 puntos porcentuales respecto a la previsión base, hasta aproximadamente 2,0%. El FMI clasifica este nivel como «riesgo cercano a recesión global». Desde 1980, el crecimiento mundial ha caído por debajo del 2% en solo cuatro ocasiones.
- Pronóstico de petróleo: La EIA (Administración de Información Energética de EE.UU.) espera que el Brent alcance un pico de $115/barril en el segundo trimestre de 2026, bajando a $88 en el cuarto trimestre. Rabobank proyecta $107 en Q2, $96 en Q3 y $90 en Q4. ANZ espera que el Brent cierre el año en $88, pero manteniendo promedio por encima de $90 durante todo 2026.
Gourinchas advirtió que «el cierre del Estrecho de Ormuz y daños graves a instalaciones críticas plantean riesgo de crisis energética importante si persisten las hostilidades». La tregua temporal anunciada hace poco no cambió su diagnóstico: «Se ha infligido daño y los riesgos a la baja siguen elevados».
Quién pierde más: emergentes en primera línea
El recorte de dos décimas en el crecimiento global oculta una asimetría brutal. El FMI advierte que las economías emergentes y vulnerables recibirán casi el doble del impacto que las economías avanzadas. Los países más expuestos son los que importan energía, tienen poco espacio fiscal y cargan con deuda alta. Es decir: buena parte de América Latina, África subsahariana y Asia no productora de petróleo.
Por regiones, las previsiones de 2026 del FMI muestran lo siguiente: Estados Unidos crece 2,3%, la Eurozona apenas 1,1%, China sube ligeramente a 4,4% (ganando dos décimas respecto a enero gracias a menores aranceles estadounidenses), y Arabia Saudí cae de 4,5% proyectado en enero a 3,1%, una pérdida de 1,4 puntos porcentuales. El mayor exportador mundial de petróleo paradójicamente sufre restricción de capacidad por la guerra: no puede exportar al ritmo que querría y el cierre de Ormuz limita su logística.

Asia emergente crece 4,9% en conjunto, pero ese promedio esconde diferencias enormes entre países productores y consumidores de energía. La región importa la mayor parte de su petróleo del Golfo Pérsico; el encarecimiento energético golpea directamente márgenes industriales y poder adquisitivo de consumidores.
El dilema de los bancos centrales
El FMI pone sobre la mesa el riesgo que más preocupa a traders y gestores: la posibilidad de que los bancos centrales tengan que subir tipos en vez de recortarlos, incluso con la economía frenándose. El informe advierte que «las expectativas de inflación pueden no estar tan ancladas como antes; las empresas podrían restaurar márgenes más rápido, lo que podría llevar a inflación más persistente». Traducción: si los consumidores y empresas empiezan a asumir que la inflación alta es la nueva normalidad, el shock de oferta de energía puede convertirse en espiral de precios estructural.
Gourinchas declaró a Reuters que la guerra plantea un riesgo «mucho, mucho mayor para la economía global que los aranceles de Trump implementados hace un año». Ese comentario separa psicológicamente el shock energético del shock comercial que dominó la narrativa desde abril de 2025. El mercado había aprendido a vivir con aranceles; el cierre de Ormuz es otra liga.
Como ya publicamos el 9 de abril, el dato de inflación de marzo en EE.UU. confirmó el temor: 3,1% interanual, casi un punto por encima de febrero, con la tregua llegando demasiado tarde para evitar el daño en precios de energía y transporte. La Fed mantiene tipos y el mercado de futuros ya no descuenta recortes en el corto plazo. El FMI acaba de confirmar que el problema no es solo estadounidense: es global, es estructural y, si el petróleo no baja de forma sostenida, puede forzar a los bancos centrales a elegir entre controlar inflación o sostener crecimiento. Elegir ambos dejó de ser opción hace semanas.