Starbucks entra a Xinjiang con Boyu al mando
Andrés Valcárcel · Geopolítica · 2026-10-06
Dos tiendas abrieron en Urumqi el 29 de septiembre bajo control del socio chino. Washington critica, Beijing rechaza acusaciones y la marca estadounidense enfrenta el riesgo reputacional.
Starbucks abrió dos tiendas en Urumqi, capital de Xinjiang, el 29 de septiembre, marcando su entrada a la región china más vigilada por Occidente. Los locales —uno en el Grand Bazaar Internacional y otro en el Aeropuerto Tianshan— operan bajo el <abbr title="Acuerdo de negocio conjunto entre dos o más partes para un proyecto específico">joint venture</abbr> con Boyu Capital, que desde abril controla el 60% de las operaciones minoristas de Starbucks en China continental.
La decisión desató críticas en Washington. John Moolenaar, presidente del Comité Selecto de la Cámara sobre China, calificó el lunes 5 de octubre la apertura como «moralmente insolvente» y señaló que no hay justificación para que una empresa estadounidense opere donde el Partido Comunista Chino ha detenido a más de un millón de Uyghures, según acusaciones de organismos internacionales. El National Center for Public Policy Research exigió el mismo día que Starbucks cierre las tiendas y presentó una propuesta accionaria sobre exposición a trabajo forzado en cadenas de suministro.
Boyu decide, Starbucks enfrenta la presión
El joint venture se anunció el 26 de febrero de 2026 y cerró en abril de 2026 con una valoración de aproximadamente $4 mil millones para la participación adquirida por Boyu. La firma china de inversión alternativa tomó control operativo del negocio retail; Starbucks conservó el 40% restante y la propiedad de la marca. Al 27 de septiembre, la cadena operaba 8,342 tiendas en China continental, su segunda mayor presencia geográfica después de Estados Unidos.
Molly Liu, CEO de Starbucks China, defendió la expansión a Xinjiang como una oportunidad para profundizar en el mercado y construir conexiones duraderas con consumidores locales. Pero la estructura del acuerdo implica que decisiones como esta responden más a Boyu que a Seattle, amplificando el riesgo reputacional para una marca estadounidense sin control efectivo sobre la estrategia en territorio chino.

Luckin llegó antes y genera más ingresos
La entrada de Starbucks a Xinjiang no es pionera. Luckin Coffee ya había abierto 11 tiendas en Urumqi en mayo de 2024, lo que sugiere que la región no era un mercado inexplorado para cadenas de café. La competencia entre ambas marcas se intensificó en 2026: en el tercer trimestre, Luckin superó a Starbucks en ingresos chinos con $987 millones frente a $841 millones.
El acuerdo con Boyu fue presentado por Starbucks como una estrategia para competir contra el crecimiento explosivo de Luckin, que cerró 2025 con más de 31,000 tiendas tras abrir el equivalente a 24 locales diarios durante todo el año. La valoración total del negocio chino de Starbucks superaba los $13 mil millones en noviembre de 2025, según documentos presentados a la SEC, pero el avance de Luckin erosionó la posición dominante que Starbucks mantuvo durante años.
Beijing rechaza acusaciones, Washington mantiene presión
Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, rechazó el domingo 4 de octubre las críticas y calificó las alegaciones de genocidio en Xinjiang como una «mentira descarada». Beijing ha afirmado consistentemente un aumento del 22% interanual en nuevas empresas con inversión extranjera y un alza del 10% en inversión extranjera durante 2025, con más de 300 millones de visitantes generando $53 mil millones.
- Naciones Unidas (2022): Informe advirtió sobre posibles crímenes de lesa humanidad en Xinjiang, incluida la detención de más de un millón de Uyghures.
- EE. UU. (legisladores): Presión bipartidista sobre empresas estadounidenses que operan en la región; riesgo de sanciones vinculadas a trabajo forzado.
- China (Gobierno): Rechaza todas las acusaciones; describe estabilidad social, desarrollo económico y unidad étnica en Xinjiang.
La tensión entre expansión comercial y riesgo geopolítico no es nueva para empresas occidentales en China. Las empresas japonesas en territorio chino cayeron a mínimos de 16 años, señal de que el cálculo riesgo-beneficio se ha reconfigurado en los últimos trimestres. Starbucks apostó por profundizar su presencia mediante un socio local con control mayoritario, pero esa estructura no la blinda de la presión política en su mercado de origen.

Propuesta accionaria coincide con la apertura
El National Center for Public Policy Research presentó una propuesta accionaria sobre exposición a trabajo forzado en cadenas de suministro solar apenas días antes de que Starbucks abriera en Xinjiang. El timing sugiere una desconexión entre la gobernanza en Seattle y las decisiones operativas de Boyu, o bien una coincidencia que amplifica la narrativa de riesgo reputacional.
La propuesta presiona a la empresa por su exposición a cadenas de suministro vinculadas a alegaciones de trabajo forzado, una cuestión que afecta no solo a las operaciones en Xinjiang sino a sectores completos como paneles solares y baterías. La exigencia de cierre de las tiendas es, hasta ahora, un pedido sin respuesta pública de la compañía.
Un cálculo con dos frentes
Starbucks enfrenta ahora un doble riesgo. En China, debe competir contra Luckin en un mercado donde ya no es el líder claro y donde las decisiones operativas las toma un socio con incentivos distintos. En Estados Unidos, legisladores bipartidistas y accionistas activistas presionan por exposición a una región bajo escrutinio internacional, con potencial impacto en reputación y en cumplimiento regulatorio vinculado a trabajo forzado.
El acuerdo con Boyu transfirió control operativo a una entidad china, pero no transfirió el costo político en Occidente. Brian Niccol, CEO de Starbucks, afirmó al cierre del acuerdo que combinaban la marca global con <abbr title="Conocimiento profundo y experiencia local en un mercado específico">expertise</abbr> local de Boyu. La apuesta era competir mejor; la consecuencia, asumir decisiones ajenas con nombre propio.