Reino Unido paga más que el G7 con gilts en 5,39%
Andrés Valcárcel · Mercados Financieros · 2026-10-06
Andy Haldane, execonomista jefe del Banco de Inglaterra, advierte que el gobierno británico está en hielo fino fiscal y debe recortar gasto antes del presupuesto del 28 de octubre.
El Reino Unido tiene los costos de endeudamiento más altos del G7, y Andy Haldane, execonomista jefe del Banco de Inglaterra, acaba de lanzar una advertencia directa: el país está «patinando en hielo muy fino» y debe actuar antes del presupuesto de otoño del 28 de octubre. El <abbr title="Bono del gobierno británico">gilt</abbr> a 10 años cerró el lunes en 5,39%, por encima de cualquier economía del grupo.
Haldane, que fue miembro del Comité de Política Monetaria hasta 2021, declaró a CNBC que la forma más efectiva de evitar una crisis sería que el gobierno demuestre que «es capaz y está dispuesto a tomar el cuchillo a los gastos públicos». La frase no deja margen: según él, «ese es el talón de Aquiles de este gobierno». Y añadió: a menos que se tomen medidas, el primer ministro Andy Burnham seguirá «en manos del mercado de bonos».
Gilts en territorio de crisis
Los números respaldan la urgencia. El jueves 1 de octubre, el gilt a 30 años alcanzó 6,07% en la sesión matutina, su nivel más alto desde 1998 —casi 28 años atrás—. Ese mismo día, el Reino Unido se convirtió en la primera economía del G7 en pagar un <abbr title="Rendimiento o tasa que ofrece un bono">yield</abbr> del 6% desde la crisis del euro de 2012.

La comparación con el resto del G7 es clara. El indicador de bonos del G7 marcó máximos de 18 años en septiembre, pero el Reino Unido ha liderado la subida de yields desde entonces. Estados Unidos paga 5,31% a 10 años; Alemania e Italia están por debajo. Japón cruzó el 3% por primera vez en tres décadas, pero aún lejos del 5,39% británico.
El dilema de Healey
John Healey, ministro de Hacienda, presentará el presupuesto de otoño el 28 de octubre junto al primer ministro Burnham. Healey dijo al Financial Times el mes pasado que quería crear un «colchón» fiscal contra la incertidumbre. Tres semanas después, el colchón no existe: los costos de endeudamiento están en máximos y el mercado descuenta que cualquier plan de gasto adicional empujará los gilts todavía más arriba.
- Inflación pegajosa: el <abbr title="Consumer Price Index, índice de precios al consumidor">CPI</abbr> del Reino Unido sigue por encima del objetivo del 2%, con presión en servicios y energía importada.
- Crecimiento débil: la economía británica no ha recuperado el ritmo prepandemia; el gasto público es una de las pocas palancas que quedan.
- Legado Truss: el pánico del minibudget de 2022, cuando los gilts se desplomaron en días, sigue fresco en la memoria del mercado.
Healey debe elegir entre apaciguar al mercado con austeridad o arriesgar una nueva venta masiva si el presupuesto parece expansivo. Haldane cree que la primera opción es la única viable. El mercado, por ahora, no ha dado señales de que vaya a premiar la moderación: los yields siguen subiendo incluso sin anuncios de gasto nuevo.

Por qué el Reino Unido paga más
La deuda pública británica es elevada, pero no la más alta del G7. La diferencia está en la percepción de riesgo. Desde la crisis de Truss, el mercado de gilts se ha vuelto más sensible a cualquier señal de descontrol fiscal. A eso se suma el impacto de la guerra: los rendimientos a 10 años tocaron máximos de 18 años en mayo cuando el conflicto en Irán empujó los costos de la energía al alza. Desde entonces, cada dato de inflación que supera expectativas o cada rumor de gasto adicional mueve los bonos británicos más que los de sus pares.
El gobernador Andrew Bailey compareció ante el Parlamento en septiembre y reconoció que los riesgos inflacionarios siguen sesgados al alza por los precios de la energía. El Banco de Inglaterra espera que la inflación alcance el 3,2% en el cuarto trimestre de 2026. Con esa expectativa, los inversores descuentan que el BoE mantendrá los tipos altos por más tiempo, lo que sostiene los yields de los gilts.
Haldane reconoció que hay «un riesgo» de que «el hielo se quiebre» bajo los pies del gobierno. La metáfora es clara: si el presupuesto del 28 de octubre no convence al mercado de que el gobierno controla el déficit, los gilts pueden dispararse aún más. Y si eso ocurre, Healey tendrá que elegir entre recortes de emergencia o una crisis de confianza al estilo de la que tumbó a Truss en 2022.
Burnham y Healey tienen tres semanas para calibrar un presupuesto que el mercado acepte sin vender bonos. El margen de error es estrecho, y Haldane acaba de poner las cartas sobre la mesa: el gobierno puede elegir recortar gasto ahora, o esperar a que el mercado lo obligue después. La segunda opción suele costar más.