Warsh asume la Fed tras la votación más ajustada en 49 años
Lucas Montero · Política Monetaria · 2026-05-14
El Senado confirmó al nuevo presidente de la Reserva Federal con 54 votos a favor y 45 en contra, la aprobación más ajustada desde 1977. Asume el viernes con un comité dividido, inflación lejos del objetivo y Jerome Powell vigilando desde su asiento como gobernador.
El Senado de Estados Unidos confirmó este miércoles a Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal en una votación de 54 a 45, la más cerrada para el cargo desde que el requisito de confirmación entró en vigor en 1977. Warsh asumirá formalmente el viernes 15 de mayo cuando venza el mandato de Jerome Powell, pero lo hará con el margen político más estrecho de la historia moderna y en un entorno de inflación al 3,8% que limita su capacidad de maniobra inmediata.
La votación reflejó una división casi perfecta por líneas de partido. Solo el senador demócrata John Fetterman de Pensilvania cruzó para votar a favor. El récord anterior lo tenía Janet Yellen, nominada por un presidente demócrata, que recibió 56 votos en 2014 incluyendo el apoyo de 11 republicanos. Esta vez, cero republicanos votaron en contra, pero el margen se estrechó por la ausencia casi total de apoyo demócrata.
Polarización récord en un cargo técnico
La confirmación cerrada no es anecdótica. Durante décadas, el puesto de presidente de la Fed gozó de apoyo bipartidista porque la política monetaria se mantenía fuera de la batalla política directa. Ese consenso se rompió.
El contexto importa: el proceso de confirmación estuvo bloqueado durante semanas por el senador republicano Thom Tillis, quien exigió que el Departamento de Justicia abandonara una investigación sobre Powell relacionada con sobrecostos en la renovación de la sede de la Fed. La fiscal federal Jeanine Pirro cerró finalmente la sonda, despejando el camino para la votación. Pero el episodio dejó claro que la Fed se ha convertido en moneda de cambio político.

El poder limitado del nuevo presidente
Warsh hereda el cargo con un currículum llamativo: expresidente de inversiones de Morgan Stanley, fue el gobernador más joven de la Fed cuando George W. Bush lo nombró a los 35 años en 2006. Ahora, a los 56, regresa como el presidente más rico en la historia del banco central, con un patrimonio superior a $100 millones. Está casado con Jane Lauder, de la familia multimillonaria Estée Lauder, y su suegro Ronald Lauder es asociado y partidario de Donald Trump.
Pero el perfil personal no garantiza control. El presidente de la Fed es solo un voto en el Comité Federal de Mercado Abierto (<abbr title="Federal Open Market Committee, el órgano que decide la política de tasas de interés de la Reserva Federal">FOMC</abbr>) que toma las decisiones sobre tasas. Y en este momento, ese comité está dividido: como ya publicamos, la última reunión de Powell en abril terminó con el primer voto dividido 8-4 en 34 años. Varios miembros con poder de voto han telegrafíado preocupaciones serias sobre la inflación, que saltó al 3,8% en abril impulsada por el choque energético de la guerra con Irán.
Y hay otro obstáculo inesperado: Jerome Powell decidió permanecer como gobernador hasta que expire su mandato en la junta en 2028. Es la primera vez en casi 80 años que un expresidente se queda en el comité. Powell tendrá voz y voto en cada decisión de política durante los próximos dos años, lo que limita el margen de Warsh para imponer un giro brusco y, de paso, bloquea un asiento que Trump podría haber usado para nombrar a un aliado adicional.

Reformas estructurales vs. recortes inmediatos
Warsh ha esbozado una agenda ambiciosa de reformas estructurales que, si se implementan, cambiarían la forma en que opera la Fed. Las propuestas incluyen:
- Reducir el balance sheet de $6,7 billones de manera «lenta y deliberada».
- Coordinar más estrechamente con el Departamento del Tesoro sobre la gestión del balance.
- Reducir el número de reuniones de política de ocho al año a tan pocas como cuatro.
- Realizar menos conferencias de prensa y dar menos pistas sobre la trayectoria futura de tasas.
- Reducir el tamaño de la plantilla basada en Washington.
- Cambiar el indicador de inflación: reemplazar el <abbr title="Personal Consumption Expenditures, el indicador de inflación preferido de la Fed hasta ahora">PCE</abbr> por una media podada de Gastos de Consumo Personal, que probablemente arrojaría lecturas más bajas y facilitaría recortes futuros.
Esas ideas tienen respaldo en ciertos círculos académicos y de mercado. Pero chocan con la realidad inmediata: Trump ha presionado abiertamente por recortes de tasas, y la Casa Blanca esperaba que Warsh actuara rápido. El problema es que la inflación no coopera. Con el <abbr title="Índice de Precios al Consumidor, indicador que mide la variación de precios de bienes y servicios para consumidores">IPC</abbr> en 3,8% y la gasolina todavía elevada por el conflicto en Medio Oriente, el margen para recortar está cerrado al menos hasta finales de año.
Bank of America ya cuestionó públicamente la propuesta de cambiar la métrica de inflación, argumentando que el cambio técnico no es neutral: puede justificar tipos más bajos o más altos según el momento. Y Wall Street está dividido: Goldman Sachs movió su pronóstico de recortes a diciembre por inflación persistente, mientras que la mitad de los grandes bancos ve cero recortes este año. Warsh tendrá que navegar esa divergencia sin el respaldo político amplio que tuvieron sus predecesores.
Junio dirá más que mayo
El viernes 15 de mayo será ceremonial: Warsh asume formalmente y Powell pasa al asiento de gobernador. Pero la primera prueba real llegará en un mes. En la reunión de mediados de junio, Warsh tendrá que mostrar si controla la agenda o si el comité dividido le impone el ritmo. Con inflación lejos del objetivo del 2%, un expresidente vigilando desde la junta y un mercado que ya descuenta cero recortes hasta 2027, el margen de maniobra es estrecho. Las reformas estructurales pueden esperar. Los recortes que Trump demanda, también.