La Fed sube tasas 25 puntos base en la era Warsh
Andrés Valcárcel · Política Monetaria · 2026-09-25
La Fed subió 25 puntos base por primera vez en catorce meses y la mayoría del comité proyecta otra más antes de que cierre el año. Warsh acelera reformas en comunicación pero frena en estructura.
La Reserva Federal elevó las tasas de interés 25 puntos base el miércoles 16 de septiembre, llevándolas al rango 3,75%-4%, la primera subida desde julio de 2023. El voto fue unánime (12-0), pero las proyecciones del <abbr title="Comité Federal de Mercado Abierto, el órgano que decide la política monetaria de la Fed">FOMC</abbr> revelan divisiones internas sobre el camino que queda: 16 de los 18 miembros del comité esperan al menos otra subida de 25 puntos base antes de que termine el año, mientras que cuatro ven necesarias dos alzas más (50 puntos base en total) y solo dos proyectan mantener las tasas sin cambios.
Kevin Warsh lleva 127 días al frente de la institución —asumió el 22 de mayo tras la confirmación más ajustada en medio siglo, con 54 votos a favor y 45 en contra— y el panorama que deja su primera reunión con subida de tasas muestra dos velocidades: cambios rápidos en la forma de comunicar, reformas lentas en la estructura operativa, y un marco de política que pone el foco en las condiciones financieras amplias en lugar de en guías numéricas. La pregunta que el mercado se hace ahora es cuánto margen queda para seguir subiendo cuando la inflación sigue 1,4 puntos porcentuales por encima del objetivo del 2%.
Proyecciones divididas, mensaje uniforme
El consenso del FOMC proyecta que la inflación <abbr title="Personal Consumption Expenditures, el indicador de inflación preferido por la Fed">core PCE</abbr> cerrará 2026 en 3,4%, una revisión al alza desde el 3,3% que estimaban en junio. Esa cifra está lejos del mandato del 2%, y Warsh lo dejó claro en la conferencia de prensa del miércoles: la inflación ha sido «demasiado elevada durante demasiado tiempo» y el comité decidió que el estándar para declarar victoria «no ha sido satisfecho».
La unanimidad del voto contrasta con la dispersión en las proyecciones individuales. En las últimas tres reuniones bajo el mandato de Warsh —junio, julio y ahora septiembre— no ha habido un solo voto disidente registrado en acta. Pero el rango de estimaciones futuras muestra que al menos seis miembros (los cuatro que ven 50 puntos base más y los dos que no ven más alzas) tienen visiones claramente distintas sobre el ritmo necesario de ajuste. Warsh, por su parte, no publica su propia proyección de tasas —el llamado dot— en el gráfico de puntos, lo que le permite reclamar neutralidad como presidente pero oculta su posición real al mercado.

Condiciones financieras como brújula
Warsh ha repetido el término «condiciones financieras» seis veces en discursos recientes: tres en Jackson Hole a finales de agosto y tres más en su conferencia de prensa del miércoles. El concepto no es nuevo en la Fed, pero la insistencia de Warsh señala un cambio de énfasis. En lugar de atarse a una trayectoria futura de tasas —la <abbr title="Forward guidance, guía explícita sobre futuras decisiones de política monetaria">forward guidance</abbr> que sus predecesores usaron durante años—, el nuevo presidente mira un conjunto más amplio de variables: precios de activos, rentabilidad de bonos del Tesoro, fortaleza del dólar, comportamiento de materias primas y acceso al crédito.
El enfoque tiene lógica cuando la transmisión de la política monetaria se ha vuelto menos predecible. En su conferencia del miércoles, Warsh insistió en que la Fed debe estar «confiada de que la inflación subyacente se mueve hacia nuestro objetivo claramente y a velocidad suficiente». Traducido al terreno operativo: si las condiciones financieras se relajan demasiado —por ejemplo, si las acciones suben con fuerza, los <abbr title="Spread, diferencial de tipos entre bonos corporativos y bonos del Tesoro">spreads</abbr> corporativos se estrechan o el dólar se debilita— la Fed podría subir tasas aunque la inflación nominal haya bajado algo, porque el conjunto de señales indicaría que el ajuste no está mordiendo lo suficiente.
Hasta ahora los mercados han respondido con cautela. El bono del Tesoro a 10 años cotiza hoy con rentabilidad cerca del 5,16%, el dólar mantiene fortaleza frente al euro (que cayó esta semana a mínimos de dos meses) y los futuros de tipos descuentan probabilidades elevadas de otra subida antes de que termine 2026. El mensaje del mercado, por ahora, coincide con las proyecciones del FOMC.
Cambios rápidos en forma, lentos en fondo
Warsh llegó prometiendo un «cambio de régimen» para derrotar la inflación. En los primeros cuatro meses, los cambios más visibles han sido comunicacionales: eliminó gran parte del lenguaje repetitivo de los comunicados del FOMC, que redujo en un 57% respecto a la era de su predecesor, y abandonó la guía explícita sobre futuras decisiones. También propuso reducir las reuniones del comité de ocho a seis anuales, un cambio estructural que no se veía desde los años ochenta.
Pero las reformas de mayor calado institucional avanzan más despacio. El balance de la Fed sigue en $6,6 billones, prácticamente sin cambios respecto al nivel que Warsh heredó en mayo. La contracción del balance —uno de los pilares de su agenda— requiere consenso interno y coordinación con el Tesoro, y Warsh ha optado por no forzar el ritmo. No hay plazos definidos ni objetivos numéricos públicos para reducir los activos en el balance.
La tensión entre ambición reformista y gobernanza institucional no es nueva para la Fed, pero bajo Warsh se ha vuelto más visible. El presidente busca acelerar donde puede —comunicación, marcos conceptuales— y negocia donde debe —balance, calendario de reuniones, consenso del FOMC—. El resultado es una Fed que suena distinta a la de hace cuatro meses pero que opera con instrumentos y ritmos que aún se parecen bastante a los de su predecesor.
La resistencia que no se ve en las actas
Ningún miembro del FOMC votó en contra de la subida del miércoles. Eso no significa que haya unanimidad real sobre el camino que viene. Las proyecciones muestran que al menos un tercio del comité (6 de 18 miembros) tiene visiones claramente distintas del consenso sobre cuánto hay que subir antes de que cierre el año. Cuatro miembros ven necesarias dos alzas más de 25 puntos base cada una, lo que llevaría las tasas al rango 4,25%-4,5% en diciembre. Dos miembros, en el otro extremo, proyectan que ya no hará falta mover las tasas.
- 12 miembros proyectan una subida más de 25 puntos base antes de fin de año (tasa final: 4%-4,25%).
- 4 miembros ven dos subidas más, sumando 50 puntos base (tasa final: 4,25%-4,5%).
- 2 miembros proyectan sin cambios adicionales en tasas durante 2026 (tasa final: 3,75%-4%).
Warsh no ha señalado públicamente en qué grupo se encuentra, y su decisión de no publicar su propio dot en el gráfico de proyecciones le da flexibilidad táctica: puede reclamar que lidera un consenso amplio sin comprometerse con una cifra concreta. Esa ambigüedad puede ser útil cuando las condiciones cambian rápido, pero también dificulta al mercado anticipar cuál será el umbral de Warsh para declarar que la inflación cede «a velocidad suficiente».
La próxima reunión del FOMC está programada para el 27 y 28 de octubre. Entre ahora y entonces se publicarán dos informes de inflación (septiembre y octubre) y un dato de empleo adicional. Si las condiciones financieras siguen relajándose —acciones al alza, crédito accesible, dólar estable— y la inflación core PCE no baja con claridad, la proyección mayoritaria del comité de una subida más antes de fin de año dejará de ser proyección y pasará a ser decisión. El mercado ya lo está descontando.