600 drones sobre Kyiv: Lavrov pide a EE.UU. que evacúe o asuma riesgos
Lucas Montero · Geopolítica · 2026-05-26
Rusia advierte oficialmente a Washington que lanzará ataques sistemáticos contra centros de decisión en la capital ucraniana. El dilema es claro: evacuar es ceder un símbolo; quedarse, asumir bajas.
El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, advirtió este lunes al secretario de Estado estadounidense Marco Rubio que Moscú lanzará ataques sistemáticos contra instalaciones militares y «centros de decisión» en Kyiv. La conversación, por orden directa de Putin, incluyó una exigencia explícita: que EE.UU. evacúe su personal diplomático y ciudadanos de la capital ucraniana. La noche anterior, el 24 de mayo, Rusia había ejecutado el ataque combinado más grande contra Kyiv en toda la guerra: 90 misiles y 600 drones que dejaron al menos 4 muertos y 83 heridos en la región de la capital.
La advertencia no es solo militar. Es una herramienta de presión diplomática con dos salidas, ambas favorables para Moscú: si Washington evacúa, Rusia gana un símbolo político ante su población interna — Occidente «se retira». Si EE.UU. se queda y hay bajas estadounidenses en futuros bombardeos, Moscú tiene coartada legal: «se les advirtió». El mensaje subyacente es claro: Occidente está en la mira, y cada embajada occidental en Kyiv debe elegir.

La llamada que pone contra las cuerdas a Washington
Según el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, Lavrov instruyó a Rubio que Moscú «comenzaría ataques en centros de decisión» y que debía «asegurar la evacuación de su personal diplomático». Fue la primera conversación entre ambos desde el 5 de mayo, cuando supuestamente discutieron esfuerzos de paz mediados por EE.UU. Rubio confirmó el martes que Rusia había enviado la advertencia no solo a la embajada estadounidense, sino a todas las misiones diplomáticas occidentales en la ciudad. No es un ultimátum bilateral; es presión coordinada sobre el frente aliado completo.
Entre las armas desplegadas estuvo el misil hipersónico Oreshnik, utilizado por tercera vez en el conflicto. La magnitud del ataque no dejó solo víctimas humanas: alrededor de 30 edificios residenciales fueron dañados o destruidos. La Ópera de Kyiv, la Casa Ucraniana, el Estadio Dinamo Valeriy Lobanovskyi y el Museo de Chornóbil — que perdió más del 40% de su colección de forma «irrevocable», según el Ministerio del Interior ucraniano — quedaron marcados. No es «solo» un ataque militar; es destrucción de patrimonio cultural en paralelo.
Putin anuncia paz, pero Moscú bombardea Kyiv
Hace apenas dos semanas, el 9 de mayo, Putin declaró durante el Día de la Victoria que creía que «el asunto estaba llegando a su fin» en la guerra de Ucrania. Según información filtrada a Bloomberg el 22 de mayo, el Kremlin quiere concluir el conflicto antes de que termine 2026 en lo que considera «términos victoriosos», incluido el control total sobre Donbás. La narrativa oficial rusa vende cercanía al triunfo.
Pero la realidad en el terreno cuenta otra historia. Entre el 14 de abril y el 12 de mayo, las fuerzas rusas registraron una pérdida neta de 45 millas cuadradas de territorio ucraniano, según el Institute for the Study of War. En lo que va de 2026, es Ucrania — no Rusia — quien ha logrado ganancias territoriales netas. Las estimaciones occidentales sitúan las bajas rusas en niveles de 30.000 a 40.000 muertos y heridos por mes, una tasa de desgaste extraordinaria sin avances equivalentes en el mapa. La escalada brutal en Kyiv no compensa la pérdida de terreno en Donbás; la disimula.
- 4 muertos y 83 heridos en total en la región de Kyiv (24 de mayo), según autoridades ucranianas consolidadas.
- 30 edificios residenciales dañados o destruidos solo en la capital, reportó el alcalde Vitaliy Klitschko.
- Más del 40% de la colección del Museo de Chornóbil se perdió de forma irrevocable tras el impacto.
- Tercera vez que Rusia emplea el misil hipersónico Oreshnik desde el inicio de la invasión a escala completa.
- Moscú justificó el ataque como represalia por un supuesto ataque ucraniano del viernes en Luhansk, donde Putin afirmó que murieron 21 personas, incluidos niños. Kyiv lo describió como un ataque a una unidad militar de drones rusa en Starobilsk.

Occidente dice no
Las misiones diplomáticas occidentales en Kyiv rechazaron ambas advertencias. Un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores francés respondió el lunes con claridad: «Estamos acostumbrados a las amenazas de Putin. Está fuera de cuestión evacuar». Julie Davis, encargada de Negocios de la Embajada de EE.UU. en Kyiv, condenó los ataques de la noche anterior y los calificó como «ataques deliberados contra poblaciones civiles e infraestructura civil» que catalogó como «inaceptables». Ninguna señal de retirada.
Evacuar sería una derrota psicológica en el relato de guerra híbrida: abandonar Kyiv es ceder el símbolo político más importante del conflicto. Trump mantiene postura de mediación y Rubio ofreció el martes facilitar esfuerzos de paz, pero no bajo presión rusa directa. Moscú puso sobre la mesa un dilema calculado; Washington y sus aliados eligieron quedarse. El siguiente bombardeo dirá si la advertencia fue farol o preludio.