Fondos soberanos: 13,6 billones en juego y el capital como arma geopolítica

María González · Geopolítica · 2026-02-24

Los Estados ya no solo invierten para ahorrar. Invierten para competir. Jared Cohen de Goldman Sachs lo llama 'capital instrumental': dinero público que busca retorno financiero y proyección de poder a la vez.

Los fondos soberanos gestionaban 13,6 billones de dólares en 2023, un 14% más que el año anterior. Pero el tamaño es solo la mitad de la historia. La otra mitad es cómo invierten y por qué. Jared Cohen, presidente de Asuntos Globales de Goldman Sachs, lo definió en Foreign Policy como el auge del "capital instrumental": inversiones estatales que persiguen retornos financieros y proyección de poder político al mismo tiempo. Los Estados ya no solo ahorran. Ahora compiten con la chequera.

Fondos soberanos: 13,6 billones en juego y el capital como arma geopolítica

Qué es el capital instrumental y por qué importa

Cohen y George Lee, co-directores del Goldman Sachs Global Institute, publicaron el análisis en diciembre de 2025. La tesis es directa: los fondos soberanos dejaron de ser vehículos de ahorro pasivo hace años. Ahora son herramientas de estrategia nacional. Un Estado invierte en un sector, en una geografía o en una compañía por dos razones simultáneas: generar retorno para sus arcas y ganar influencia económica o política en ese mercado.

El concepto no es nuevo en la práctica — China lo lleva haciendo una década con la Iniciativa de la Franja y la Ruta —, pero Cohen lo nombra y lo pone en el centro del debate financiero global. Porque si antes la competencia entre Estados se medía en portaaviones y bases militares, ahora también se mide en participaciones accionariales y control de infraestructuras estratégicas.

Los datos lo confirman. Según el Informe de Fondos Soberanos desarrollado por IE University en colaboración con ICEX-Invest in Spain, publicado en noviembre de 2024, los fondos soberanos realizaron 473 inversiones en 2023, casi 50 más que en 2022. El valor total superó los 211.000 millones de dólares, casi el doble del informe anterior. Y el ritmo no afloja: S&P Global Market Intelligence reportó que el valor de operaciones con fondos soberanos alcanzó 200.000 millones en 2025, frente a 67.000 millones en 2024. Casi 200% de crecimiento en un año.

Los números del fenómeno

La cifra de 13,6 billones de dólares en 2023 proviene del informe de IE University e ICEX. Algunas fuentes mencionan 14 billones, pero no hay datos oficiales publicados que lo respalden. La proyección más fiable sigue siendo 13,6 billones. Para poner el número en perspectiva: esa cantidad equivale a casi el doble del PIB de Alemania o a más de tres veces el de España.

El crecimiento del 14% en 2023 es el más alto en años recientes. Los fondos soberanos se beneficiaron de tres factores: precios altos de materias primas (especialmente petróleo y gas), diversificación hacia activos de riesgo y apetito creciente por tecnología e infraestructuras. Sectores que antes eran dominio privado — data centers, semiconductores, energía renovable — ahora atraen capital estatal.

El primer fondo soberano del mundo lo estableció Kuwait en 1953. Entonces era una anomalía. Ahora hay más de 100 fondos operando globalmente, desde Singapur hasta Kazajistán. Pero el epicentro del capital instrumental está en el Golfo Pérsico.

El Golfo Pérsico lidera el fenómeno

Cohen señala en su análisis que la región del Golfo es donde el capital instrumental se manifiesta con más claridad. Las razones: estabilidad política, abundancia de recursos energéticos y capacidad de perseguir agendas económicas de largo plazo sin la presión de ciclos electorales o conflictos internos que afecten a otras potencias.

Según Global SWF, en los primeros nueve meses de 2025, inversores soberanos de Oriente Medio representaron hasta el 40% del valor total de operaciones estatales a nivel global, con transacciones por 56.300 millones de dólares. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait no solo invierten en activos extranjeros; están rediseñando sus economías domésticas con capital soberano como palanca.

El PIF financia desde megaproyectos como Neom (la ciudad del desierto que aspira a ser hub tecnológico) hasta participaciones en compañías occidentales de videojuegos, deportes y entretenimiento. La estrategia es clara: diversificar ingresos fuera del petróleo y ganar influencia en sectores estratégicos. Cuando el PIF compra una participación en una firma de semiconductores o en una plataforma de esports, no solo busca retorno. Busca acceso, conocimiento y palanca geopolítica.

Los otros fondos del Golfo operan con lógica similar pero con menos ruido mediático. ADIA (Abu Dhabi) y QIA (Qatar) tienen carteras diversificadas globalmente, con presencia en inmobiliario premium, infraestructuras críticas y tecnología. Qatar, por ejemplo, es accionista relevante en sectores europeos estratégicos desde hace más de una década.

Implicaciones para los mercados

El auge del capital instrumental cambia la dinámica de los mercados. Primero, porque añade un comprador institucional de largo plazo con bolsillos profundos y mandato dual (retorno + estrategia). Eso puede estabilizar valuaciones en sectores volátiles, pero también distorsionar precios si la decisión responde más a objetivos políticos que a fundamentales.

Segundo, porque introduce riesgo geopolítico en operaciones de M&A que antes eran puramente comerciales. Cuando un fondo soberano hace una oferta por una compañía tecnológica occidental, los reguladores europeos y estadounidenses ya no solo evalúan competencia; evalúan seguridad nacional. Las firmas legales White & Case y Cleary Gottlieb Steen & Hamilton han documentado el aumento de revisiones regulatorias en transacciones con fondos soberanos en los últimos tres años.

Tercero, porque redistribuye poder económico. El capital se concentra en Estados exportadores de commodities (Golfo, Noruega, Singapur) y en potencias asiáticas (China, Corea del Sur). Occidente, que durante décadas fue el proveedor global de capital, ahora compite por atraer inversión estatal de otros bloques. Esa inversión llega con condiciones implícitas.

Cuarto, porque los fondos soberanos son compradores activos en momentos de estrés. Durante la crisis de 2008 y la pandemia de 2020, fueron los que pusieron capital cuando el sector privado se retiró. Esa capacidad anticíclica les da influencia desproporcionada en sectores estratégicos en el momento en que más importa.

El dato que cierra el cuadro

Las operaciones que involucraron fondos soberanos pasaron de 67.000 millones de dólares en 2024 a 200.000 millones en 2025, un salto de casi 200%. El ritmo de inversión se acelera. Y no es por falta de alternativas: es porque los Estados han decidido que invertir es la nueva forma de competir.

Para el inversor privado, la implicación es directa: en sectores estratégicos (semiconductores, infraestructura crítica, energía, defensa), cada vez más capital viene de fondos estatales con mandato dual. Eso no los hace mejores ni peores inversores, pero sí cambia la lógica de valuación y la dinámica de control corporativo. El mercado ya no es solo oferta y demanda. También es estrategia de Estado.