La inflación subió por aranceles pero sin ellos los precios habrían caído
Andrés Valcárcel · Económicas ·
El NY Fed cuantifica por primera vez el efecto Trump: 2,9 puntos porcentuales de inflación artificial en bienes. La política monetaria enfrenta una inflación hecha en Washington, no por demanda.
Los aranceles de la administración Trump añadieron 2,9 puntos porcentuales a la inflación de bienes de consumo hasta febrero de 2026, según un estudio del Banco de la Reserva Federal de Nueva York publicado esta semana. Sin esos aranceles, los precios de esas categorías habrían caído aproximadamente 1%. La inflación efectiva de bienes fue 2,0%; el escenario contrafáctico sin aranceles habría sido -0,9%.
El hallazgo marca la primera cuantificación directa y rigurosa del impacto inflacionario de la política arancelaria que Trump desplegó desde su regreso a la Casa Blanca. Los autores —Mary Amiti, Sebastian Heise y David E. Weinstein— analizaron 67 categorías no petroleras de bienes de consumo ponderadas por gasto doméstico, excluyendo servicios que representan aproximadamente dos tercios de la cesta del consumidor.

Transmisión rápida a importaciones, lenta al consumidor
Casi 90% del aumento arancelario se transmite a precios de importación casi de inmediato. Los precios minoristas avanzan más lento: aproximadamente 50% del efecto directo aparece en tres meses y casi todo el impacto en seis meses, según el reporte publicado en Liberty Street Economics del NY Fed.
Los efectos en bienes de producción estadounidense —los que no se importan— se duplican entre seis y 12 meses. Aproximadamente un tercio del aumento de precio total proviene de esos bienes nacionales, lo que sugiere que los aranceles elevaron costos de insumos importados para productores locales, que luego trasladaron parte del aumento al consumidor final.
El efecto tarifario en el nivel de precios de bienes alcanzó su máximo cercano a 3% en febrero de 2026. La proyección del NY Fed indica que ese efecto disminuye a aproximadamente 2% para agosto de este año, reflejando la reducción de aranceles a inicios de 2026 tras la decisión de la Corte Suprema que anuló los aranceles impuestos bajo poderes de emergencia. Esos gravámenes fueron reemplazados por un sobrecargo de 10%.
De 2,6% a 13%: la escalada arancelaria de 2025
La tasa arancelaria promedio estatutaria de Estados Unidos subió de 2,6% a inicios de 2025 a aproximadamente 13% a fin de ese año, según datos del NY Fed. Esa escalada de más de 10 puntos en 12 meses es la más pronunciada en décadas y representa la política central de la agenda económica de Trump tras su reelección.

Un estudio previo del NY Fed, publicado en febrero de 2026, encontró que casi 90% de la carga económica de los aranceles estadounidenses recayó en empresas y consumidores del propio país, no en exportadores extranjeros como había prometido la administración. Oficiales económicos de Trump criticaron fuertemente esa investigación, aunque no refutaron sus datos.
El análisis publicado esta semana cubre datos hasta febrero de 2026 y no incluye los aranceles anunciados para 2027, entre ellos gravámenes sobre autos importados de Canadá que Trump adelantó en enero. Los investigadores tampoco especificaron cuáles fueron las 67 categorías evaluadas, aunque aclararon que el ejercicio excluye productos petroleros y servicios.
Inflación política vs. inflación de demanda
El hallazgo plantea un dilema directo para la <abbr title="Banco central de Estados Unidos que fija la tasa de interés de referencia">Fed</abbr>. Si los precios de bienes están elevados solo por aranceles y no por demanda subyacente, la inflación que mantiene los tipos altos tras el último ajuste de septiembre es en buena parte artificial, hecha en Washington, no generada por presiones de consumo.
Nick Timiraos, del Wall Street Journal, resumió la implicación: la inflación que complica los recortes de tasas es «política-hecha» y aún está trabajando su camino por el sistema. La Fed se reunirá el 27 y 28 de octubre, tres semanas después de la publicación del estudio. Las expectativas de inflación de los consumidores tocaron 3,9% la semana pasada, máximo desde mayo de 2023, justo cuando los datos duros muestran que el efecto arancelario ya pasó su pico.
- 2,9 pp: contribución arancelaria a inflación de bienes hasta febrero 2026
- -0,9%: inflación contrafáctica si no hubiera habido aranceles (vs. 2,0% real)
- ~3%: pico del efecto tarifario en nivel de precios (febrero 2026)
- ~2%: proyección del efecto tarifario para agosto 2026
La proyección del NY Fed sugiere que el efecto arancelario en inflación está cediendo, pero la velocidad de esa caída depende de que no haya nuevas rondas de gravámenes. Trump ha adelantado aranceles adicionales para 2027 y su agenda comercial sigue siendo restrictiva. Si esos anuncios se concretan, el ciclo de transmisión documentado en el estudio —50% del impacto en tres meses, casi todo en seis— volvería a repetirse.
Restricciones del análisis
El estudio cubre 67 categorías no petroleras de bienes de consumo, ponderadas por gasto doméstico de 2022. Excluye servicios, que representan aproximadamente dos tercios de la cesta del consumidor estadounidense. Eso significa que el efecto total sobre el <abbr title="Índice de Precios al Consumidor, medida principal de inflación">CPI</abbr> general es menor que el 2,9 pp observado en esas categorías de bienes.
Los autores tampoco detallan qué categorías específicas absorbieron el mayor impacto, lo que limita la capacidad de los consumidores —y de los mercados latinoamericanos que comercian con EE. UU.— para identificar dónde está concentrado el daño. Un estudio de febrero de 2026 del mismo equipo había documentado que la mayor parte del costo recayó en empresas y consumidores estadounidenses, no en exportadores.

El reporte del NY Fed ofrece la evidencia más clara hasta ahora del impacto de los aranceles de Trump en los bolsillos del consumidor. El efecto alcanzó su máximo en febrero y está proyectado a caer a 2% para agosto, según el modelo del banco central. Pero esa trayectoria descendente asume que la política arancelaria no vuelve a endurecerse, un supuesto que la agenda de Trump para 2027 pone en duda.